Visitar Can Vidal, una de las Colonia industriales del Llobregat, era uno de nuestros objetivos al recorrer la comarca del Berguedà. A lo largo del cauce del Río Llobregat, se establecieron desde finales del siglo XIX varias decenas de colonias industriales, la mayoría textiles. Aunque este fenómeno no fue único de este río, lo cierto es que el Llobregat aglutinó la mayor parte de las distintas colonias textiles que surgieron en Catalunya en el contexto de la Revolución Industrial.

Dieciocho de ellas forman parte del Parque Fluvial de las Colonias del Llobregat y suponen un testigo de primera mano de lo que supuso el pasar de una sociedad básicamente manufacturera a una sociedad industrial.

Algunas de estas colonias industriales son visitables. Y de ellas, la Colonia Vidal, conocida como Can Vidal por los lugareños, es la mejor adecuada para el conocimiento de aquel momento histórico y forma parte del Museo de la Ciencia y de la Técnica de Catalunya.

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QUE ERAN LAS COLONIAS INDUSTRIALES DEL LLOBREGAT

Las Colonias industriales fueron un fenómeno que se desarrolló en toda Europa a raíz de los cambios surgidos en el contexto de la Revolución Industrial. Sin embargo, Catalunya fue uno de los lugares de todo el continente en que dicho fenómeno se implantó de forma más importante, levantándose un total de 72 complejos.

La Revolución Industrial conllevó la necesidad de alzar una serie de fábricas que implementaran el proceso industrial. Para ello se requirió básicamente dos elementos: grandes terrenos y obreros. Y la Catalunya interior, sumida en una importante crisis económica, disponía de ambas. Además, un tercer elemento se hacía indispensable para el buen funcionamiento de la sociedad industrial. Se trataba de la energía. La máquina de vapor fue el elemento catalizador en este sentido y la utilizada de manera casi en exclusiva como generadora de energía en todos los complejos fabriles ubicados en las grandes ciudades catalanas, como Mataró o Tarrasa. Sin embargo, con la construcción de fábricas a orillas de los cauces de los grandes ríos catalanes, como el Ter y el Llobregat, se conseguirá hacer uso de la energía hidráulica para poner en marcha todo el complemento fabril, hecho que repercutió en un importe ahorro de costes.

Los industriales alzaron, junto a las fábricas, grandes complejos que albergarían familias enteras que eran quienes formaban la mano de obra de la factoría. Estas estructuras, auténticas ciudades a pequeña escala, no solo disponían de viviendas para todas las familias si no que disponían de colegios y otros servicios, tales como servicio médico o religioso. A cambio de recibir una vivienda, bastante digna para el momento, los trabajadores estaban obligados a trabajar durante largas jornadas de hasta 12 horas y con un único día de descanso semanal, en un momento en que las reivindicaciones obreras brillaban por su ausencia, especialmente en estas colonias fabriles, alejadas de la gran ciudad.

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Aunque, para algunas voces críticas para con las colonias industriales, este sistema se asemejaba a una servidumbre cercana a la esclavitud, hay que tener en cuenta que casi todos los obreros que acudieron a trabajar a las colonias procedían del campo y al incorporarse a este sistema industrial mejoraron muchísimo su nivel de vida precedente. Es por ello que, en líneas generales, los trabajadores solían tener en gran aprecio al industrial que, en muchas ocasiones, era reconocido como un auténtico benefactor y protector de la comunidad.

La mayoría de estas colonias industriales siguieron en funcionamiento durante casi todo el siglo XX hasta que la gran crisis de la década de los ochenta terminó, de un plumazo, con todas ellas. Alguna de aquellas colonias industriales intentaron reconvertirse, aunque pocas lo consiguieron. Sin embargo, es curioso cómo estas colonias industriales, ya asumidas como nuevos barrios para las pequeñas poblaciones en cuyo término municipal estaban ubicadas, siguen ocupadas por los hijos y nietos de aquellos obreros que aquí trabajaron en los tiempos en que la colonia textil estuvo a pleno rendimiento.

COLONIA VIDAL. LA VISITA A UNA COLONIA INDUSTRIAL TEXTIL.

La Colonia Textil de Can Vidal, en el término municipal de Puig-Reig, supone el mejor lugar para conocer de cerca cómo era una Colonia Industrial. El complejo está perfectamente museizado y, además, programa visitas guiadas. Ello permite comprender como se organizaba la colonia. En este sentido, merece mucho la pena acudir a una de estas visitas guiadas que se realizan durante todos los fines de semana del año y cada día, en agosto.

Curiosamente fue, esta de Can Vidal, la última de las colonias textiles que se implementó en la cuenca del Río Llobregat y la primera que tuvo que cerrar ante la crisis de los ochenta. Sin embargo, es la que permanece en mejor estado de conservación y con la reciente museización llevada a término en los últimos años, nos aporta un intesantísimo testimonio de lo que eran estos complejos fabriles.

La Colonia Industrial de Can Vidal fue utilizada como plató cinematográfica para el film Olor de Colonia, dirigida por Lluís María Güell. Se trata de un precioso relato basado en la novela homónima de Silvia Alcantara. El film escenifica como era el funcionamiento de las colonias textiles y supone un complemento ideal a la visita.

Durante la visita a la Colonia Vidal podremos conocer cómo eran algunas de las viviendas alquiladas a los obreros de la colonia (los trabajadores pagaban un pequeño alquiler). En ocasiones era dos las familias las que ocupaban la misma vivienda. Austera, pero muy digna. También conoceremos algunas de las dependencias comunes, como las duchas. En aquella época no era habitual que las viviendas dispusieran de cuarto de baño y, menos aún, que la gente se lavara todos los días. Era este un menester reservado para los fines de semana. Para ello se utilizaban duchas públicas. Desde luego, los hombres separados de las mujeres.

También podemos visitar el pequeño cine de la colonia. Normalmente, los dueños de la colonia solían procurar que durante el día de descanso los trabajadores estuvieran ocupados en distintas posibilidades de ocio. La colonia, es este sentido, no solo disponía de sala de cine si no también de un pequeño teatro, donde los mismos trabajadores solían preparar las representaciones.

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Las actividades socioculturales eran de distinta índole en la colonia y tales como orfeón, caramellas, fiesta mayor, veladas literarias o actividades de biblioteca. En este sentido, otra dependencia que podemos visitar durante el recorrido por la colonia Vidal es la de la biblioteca. Hay que tener en cuenta, que a los hijos de los trabajadores  se les educaba de una forma sencilla, pues el motivo principal era el que adquirieran los conocimientos básicos a fin de que pudieran incorporarse a la vida laboral tan punto fuera posible (a una edad muy prematura, desde luego). Sin embargo, los dueños solían becar a los niños con más capacidad para los estudios a fin de que pudieran complementar sus conocimientos fuera de la colonia. Por ejemplo, en la Escuela Industrial de Tarrasa. En este sentido, algunos de los hijos de los trabajadores pudieron incorporarse posteriormente en labores de más prestigio y responsabilidad dentro de la misma colonia.

Visitamos también la escuela de niños de la Colonia Vidal, que nos recuerda a las viejas escuelas de la postguerra que hemos visto en tantas y tantas películas. Junto a la escuela, un pequeño museo nos explica acerca  de los quehaceres diarios en la colonia. Tanto durante los días laborables como durante los festivos, donde el ambiente se relajaba y, más allá de ir a misa, los trabajadores podían disfrutar del cine, del teatro o de la partida del dómino en el bar de la colonia.

Colonia Vidal
Colonia Vidal

Las niñas, estudiaban en otro lugar, justo a un pequeño convento. Sus estudios eran, si cabe, más básicos que los de los niños.

También visitamos el lavadero de la colonia. Al igual que las duchas de la comunidad, era este un lugar común, pues no era habitual disponer de lavaderos en las viviendas. Los fines de semana eran los días dedicados a lavar la ropa que, todo sea dicho de paso, más bien solía ser escasa. Una o dos mudas por persona, a lo sumo. Era este un lugar donde se solía cotillear acerca de lo acontecido en la colonia durante la semana. Junto a estos lavaderos se disponían unos pequeños huertos.

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Incluso podemos visitar una pequeña y rudimentaria oficina bancaria que se instaló en la colonia Vidal. Tanto los dueños de la colonia como los banqueros entendieron que instalar una pequeña oficina de cobros redundaría en un beneficio para ambas partes. Los obreros no deberían desplazarse a la ciudad para cobrar y no perderían horas de trabajo y la Caja de Ahorros conseguiría las nóminas de los trabajadores.

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No podía faltar, tampoco, un lugar para el recogimiento espiritual. Es decir, la iglesia de la colonia. Generalmente, la colonia disponía de un párroco a sueldo del dueño y que, junto al director de la colonia, solía ser la persona de mayor relevancia en el complejo. Aunque en realidad no era obligado acudir a misa los domingos, a la práctica terminaba por serlo.

Uno de los últimos lugares que visitamos durante nuestro recorrido por la Colonia Vidal es, como no podría ser de otra forma, el de la propia fábrica. Solía edificarse justo al lado del río, pues el complejo fabril utilizaba la energía hidráulica para abastecerse. Se solía construir una esclusa justo enfrente de la fábrica, que permitiera canalizar el agua para hacer mover las enormes turbinas que acabarían por generar la electricidad necesaria para el funcionamiento de la fábrica.

Podemos visitar las turbinas aún existentes, pero también la máquina de vapor de la que, igualmente, disponía la factoría y que era utilizada en los momentos de más sequía, cuando la energía hidráulica generada no era suficiente para el correcto funcionamiento de la fábrica.

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Finalmente, entramos en las enormes naves donde se disponían los telares. Se han conservado una cuarentena de los mismos, que se han ido recopilando de distintas fábricas. Cuando la guía pone en marcha uno de los telares entendemos el ruido ensordecedor que debían hacer cuando cientos de ellos entraban en funcionamiento al mismo tiempo. No era raro que muchos de los trabajadores devinieran sordos con el paso de los años.

informacionllibreEL SILENCI DELS TELERS. De Assumpta Montellà. Ara Llibres. (en catalán). Un excelente testimonio de lo que era la vida en las colonias del Llobregat explicado por las mismas mujeres que lo vivieron. Un extraordinario trabajo de compilación de hechos, anécdotas y vivencias realizado a través de un montón de entrevistas realizadas a una veintena de mujeres que vivieron la historia de los últimos 50 años de las colonias. Desde el tiempo de antes de la Guerra Civil, durante la contienda, la dura posguerra y los años de la crisis del petróleo que llevaron a la desaparición de aquel modelo de sociedad. Un libro imprescindible para que la memoria histórica no se pierda en el olvido.

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Desde la fábrica se puede observar el edificio de la Torre del Amo. Es decir, la Torre del Dueño. El industrial no vivía normalmente en la colonia, si no que lo hacía en Barcelona y solo acudía a la fábrica en algunas ocasiones, a fin de departir con el encargado de la misma, que daba cuenta del funcionamiento del complejo. La Torre del Amo de la Colonia Vidal no se puede visitar, aunque posteriormente sí que visitaremos la de la Colonia Viladomiu Nou, que está estupendamente museizada y que nos permite saber cómo solían ser estas viviendas señoriales.

La visita a la Colonia textil de Can Vidal tiene una duración de dos horas y la verdad es que pasan de un plumazo. El Berguedà es una comarca con muchos alicientes naturales y gastronómicos, pero no le van a la zaga los industriales. Es por ello, que visitar una de las colonias industriales textiles se hace imprescindible para recuperar la memoria de aquel tiempo. La Colonia Industrial de Can Vidal es la mejor acondicionada para ello.

informacionrestaurant-cal-pajaresRESTAURANTE CAL PAJARES, COLONIA BASSACS, GIRONELLA. No es extraño que este restaurante esté siempre a reventar de lugareños. Ellos mejor que nadie conocen el extraordinario quehacer de este restaurante familiar de toda la vida. Sin estridencias, comida de proximidad y con predominio de los platos típicos del Berguedà. Incluso en fin de semana ofrecen dos menús, de 13.90 y 18.50€. Con el primero tuvimos suficiente. Coca de Folgueroles y patatas enmascaradas fueron los primeros platos. Ternera con setas y churrasco, los segundos. Todo delicioso. No os arrepentiréis.
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Comentarios:

5 comentarios en “COLONIA VIDAL. Visita a una Colonia industrial del Berguedà.


29 de diciembre de 2016

Qué curioso Jordi, la verdad es que no sabía de la existencia de las colonias, vida dura la de aquellos tiempos, sin duda. Las fotos de las viviendas me recuerdan a la de mi abuela y a las de las abuelas de mis amigas, eso si tenían baños propios y no comunitarios como cuentas. La escuela se parece a la primera que fui, que por suerte derribaron, en la que estábamos separados los niños de las niñas (pfff esto me recuerda lo mayor que soy). Bueno, que me enrollo jajaja me ha encantado el recorrido y la explicación. Un abrazo y Feliz año
Carmen

30 de diciembre de 2016

Wow pedazo post!!! Mola mucho! Me encantan esos sitios también para una buena sesión de fotos

31 de diciembre de 2016

Me cuesta imaginar como podía ser el vivir en esa época y condiciones, pero gracias a tu explicación y a tus imágenes me has acercado mucho. Gracias por compartirlo y por cierto, feliz año!

Nunca había oído hablar ni había leído nada de estas colonias. Una visita que me parece muy interesante y que tendré en cuando cuando vaya a la comarca del Berguedá. Saludos

    7 de enero de 2017

    En el Berguedá hay una serie de visitas de carácter industrial muy inetersantes (a parte de los bellísimos paisajes). Una de ellas es la Colonia Vidal, pero también la Fábrica cementera e, incluso, unas Minas de Petroleo. Nos faltó tiempo, pero la verdad es que es una de las comarcas con más intereés de Cataluña.
    Un beso Belén y feliz entrada de año!

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