WURZBURG. Visita a la Capital de la Baja Franconia.

patrimonio humanidadSon suficientes los lugares que hay que ver en Wurzburg como para dedicarle una jornada entera.  Y es que esta ciudad ha sido una de las grandes sorpresas durante nuestro viaje a Baviera. Una población que renació por completo de sus cenizas tras ser destruida casi por completo en únicamente 20 minutos de bombardeo británico, el 16 de marzo de 1945.

Una ciudad mártir que fue reconstruida y que en la actualidad presenta uno de los más bellos centros históricos entre las grandes ciudades de Alemania. No os engaño si os digo que hay que dedicarle un día entero a la segunda ciudad de Franconia, la comarca histórica que se sitúa al norte de Baviera pero que ocupa también parte de los estados de Baden-Württemberg y Turingia. Wurzburg es, en esto sentido, la capital de la Baja Franconia.

Hay mucho que ver en Wurzburg y la verdad es que en unas pocas horas no os dará tiempo de casi nada, de manera que os aconsejo que si vais a visitar Baviera le dediquéis un día entero.

WURZBURG EN LA HISTORIA.

Como siempre, antes de detallaros aquellos lugares que hay que ver en Wurzburg os daré cuatro pinceladas de su riquísima historia. Se sabe de la existencia de un castro celta en la colina donde hoy se ubica la fortaleza de Marienberg y que dominaría el valle del río Main.

Nada queda de ello, desde luego. Sin embargo también se conoce la presencia de unos misioneros de origen irlandés que habrían cristianizado la zona allá por el año 686, aunque la primera mención escrita de Wurzburg la encontramos en 704.

La cuestión es que aquella primera comunidad prosperó y el propio Carlomagno consagró una primera iglesia en el lugar que hoy ocupa la catedral de Wurzburg. La actual, desde luego, se edificó ya en tiempos del románico, estando considerada la cuarta de mayor tamaño alzada en Alemania en este estilo.

Federico I convirtió la ciudad en independiente del Imperio, algo que favoreció el progreso de la vieja Wurzburg. Son los años del Principado-Obispado de Wurzburg, que es quien maneja los hilos y ostenta el poder de la ciudad durante siglos. Sin embargo, cómo ya vimos con Rothemburg, la ciudad sufrió los envites de la Guerra de los Labradores y, posteriormente, de la Guerra de los Treinta años.

Durante todos aquellos siglos los Príncipes-Obispos fueron ampliando sus dominios y su ascendencia dentro de la población, siempre bajo el auspicio Imperial. Primero gobernando desde la Fortaleza de Marienberg y posteriormente desde el Palacio Barroco de la Residenze, el gran lugar que hay que ver en Wurzburg y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad.

Como ya hemos visto con otras ciudades libres alemanas, Wurzburg pasa a depender de Baviera con el advenimiento del siglo XIX para acabar siendo incorporada a Alemania tras la Unificación.

Como ya comenté, Wurzburg fue una de las ciudades alemanas más sacrificadas durante la Segunda Guerra Mundial. En únicamente 20 minutos su centro histórico fue borrado de un plumazo. Sin embargo, los largos trabajos de restauración han dado sus frutos y hoy en día, la capital de la Baja Franconia se ha convertido en una de las poblaciones más animadas del país y con un centro histórico más compacto y reconocible.

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QUE VER EN WURZBURG.

EL CENTRO HISTÓRICO.

Empezamos nuestra ruta por el Centro Histórico de Wurzburg por la Plaza del Mercado. Se trata de una bella ágora que acoge el mercado semanal y donde encontramos algunos de los edificios más bellos que hay que ver en Wurzburg. Destaca especialmente la gótica Capilla de María, una de las iglesias más bellas de la ciudad y que llama especialmente la atención por los colores de su fachada, que alterna el rojo con el blanco, y por la esbeltez de su torre. Se levantó sobre los restos de una sinagoga a partir de 1377. No os perdáis el Adan y Eva de su portal sur. En el interior encontramos algunos bellos monumentos funerarios así como una preciosa Virgen María diseñada en plata.

En la plaza anexa a la Plaza del Mercado hay un edificio excelso pintado en color amarillo pastel pero que destaca principalmente por sus estucados rococós. Es la Casa del Halcón, que durante siglos desempeñó las funciones de casa de huéspedes. En la actualidad encontraréis aquí la oficina de turismo donde os proporcionarán un buen mapa para seguir vuestra ruta.

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Tomamos una bocacalle que parte de la Plaza del Mercado y que nos lleva hasta la que es la calle principal del centro histórico de Wurzburg, la Domstrasse, que comunica la Catedral con el Puente Viejo.

El primer edificio de interés es el del Viejo Ayuntamiento o Grafeneckart, hoy pintado de blanco y que dispone de una bonita torre donde se han ubicado dos relojes: uno de esfera y otro de sol. La torre fue alzada sobre el año 1200, pero el consistorio no la compró hasta 1316. Desde aquel momento, el edificio fue convertido en Ayuntamiento y así sigue siete siglos más tarde. En la planta baja del edificio encontramos un pequeño memorial que recuerda los bombardeos aliados que destruyeron la ciudad en 1945. Es un lugar pequeño y simple pero al que merece la pena echar un vistazo. Las fotografías de la época ponen la carne de gallina.

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Ni treinta metros separan el ayuntamiento del puente más bello de la ciudad, y otra de las construcciones que hay que ver en Wurzburg de forma imprescindible. El Puente Viejo lleva al viajero hasta la otra orilla del río Main, justo por debajo de la colina de Marienberg. La construcción que vemos en la actualidad corresponde al puente alzado a partir de finales del siglo XV y que sustituyó al anterior. Las estatuas barrocas que lo adornan desde el siglo XVIII nos hacen recordar a las del Puente de Carlos de Praga. La verdad es que el puente es una maravilla y las vistas que desde el mismo se obtienen, con la Fortaleza de Marienberg en lo alto de la colina, no lo son menos.

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Regresamos por donde hemos venido para llegar hasta el final de Domstrasse. Esta vía está animadísima y repleta de cafés, restaurantes y comercios. Hoy es sábado, el día es soleado y parece que a la población entera le ha dado por pasear por aquí.

Domstrasse desemboca en la Catedral de San Kilian, que recibe el nombre de uno de aquellos primeros misioneros llegados a estas tierras desde su Irlanda natal en el siglo VI. Se trata de una de las catedrales románicas más importantes de Alemania, aunque tras los daños ocasionados por el bombardeo de 1945 debió ser reconstruida en gran medida. Sin embargo los trabajos se realizaron de tal manera que lo que surgió tras la remodelación fue un renovado templo que es mezcla de estilos. Aquí encontramos las lápidas de varios Príncipes-Obispos, aunque lo que más nos llama la atención es el diseño barroco del coro, así como parte de la decoración más moderna.

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Casi adjunta a la catedral encontramos otro templo, el Neomünster. Se trata de una fenomenal iglesia barroca que no os debéis perder, aunque en realidad la construcción se inició mucho antes, allá por el siglo XI. La fachada es maravillosa pero el interior vuelve a sorprender con esta mezcla de antiguo y moderno tan típica de Wurzburg y que es producto de las reconstrucciones llevadas a cabo durante el último medio siglo.

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Antes de dirigirnos a la Residenz, aún tenemos tiempo para dar un buen rodeo por el centro histórico y echar un vistazo a varios edificios de sumo interés, como el de la Universidad, la renacida Stift Haug, que en su momento fue la primera iglesia barroca de Franconia o el Juliusspital, un hospital fundado por el Príncipe-Obispo Julius Echter en 1576 y que hoy en día sigue desempeñando las funciones por las que fue concebido. No os perdáis la excelente farmacia barroca del primer piso ni el relajante patio interior. El hospital, por cierto, se financia en parte gracias a sus explotaciones vinícolas, que conforman una de las tres de mayor tamaño de la Franconia. Y ello no es poco decir, pues los caldos de Wurzburg están considerados entre los mejores de Alemania.

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DONDE DORMIR EN WURZBURG

G-HOTEL HOTEL & LIVING. Este hotel moderno está situado a la entrada de Würzburg pero a solo 10 minutos a pie del centro histórico. Dispone de gimnasio y sauna y lo que es más importante, parking propio (os aseguro que si viajáis en coche a Würzburg no requeriréis).

Las habitaciones del G-Hotel son modernas y amplias (nos pusieron una cama supletoria para Marc) y el desayuno pantagruélico y muy variado.  La verdad es que fue un verdadero acierto alojarnos en este hotel.

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LA RESIDENCIA, EL PALACIO DE LOS PRÍNCIPES OBISPOS.

La Residencia o Resindenz es, sin lugar a dudas, el gran monumento que hay que ver en Wurzburg. Se trata de uno de los mayores palacios barrocos de Europa y fue construido a partir de 1720 con la idea de que los Príncipes-Obispos de Wurzburg trasladaran su sede desde la fortaleza de Marienberg hasta la nueva edificación, en la llanura.

La magnificencia de la Residenz es tal que la Unesco la incluyó dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1981. Como muchos otros edificios de la ciudad, la Residenz fue víctima de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, de manera que en parte debió ser reconstruida y en parte, remodelada. Sin embargo hoy luce como en sus mejores momentos y tanto los jardines como el propio palacio se han convertido en el gran atractivo de la ciudad.

La visita a la Residenz se realiza en visitas guiadas. Por suerte, las hay en inglés. El guía nos explica que un joven arquitecto, Balthasar Neumann, fue el artífice de la misma. El Príncipe-Obispo Franz von Schöborn era quien ostentaba el poder en aquel momento. Sin embargo, la decoración del Palacio no se dió por terminada hasta 1781, más de sesenta años más tarde de la colocación de la primera piedra y hasta cuatro Príncipes-Obispos después.

Tras entrar en el hall distributivo de la planta baja, pasamos a subir la elegantísima escalera de honor que nada tiene que envidiar a la de los mejores palacios europeos. La cúpula que cierra la escalera en cuestión fue decorada por uno de los mayores maestros que la escuela veneciana de pintura ha dado: Giovanni Battista Tiépolo. El motivo ornamental es el de las 4 partes del mundo, donde se hace referencia a los 4 continentes conocidos en aquel momento.

Posteriormente se pasa a la Sala Blanca, donde los estucos de Antonio Bossi han sustituido a los frescos de Tiépolo. Enseguida se pasa a la segunda gran sala de la Residencia de Wurzburg: la Sala de los Emperadores. También está decorada con frescos de Tiépolo que representan la investidura del obispo Herold y la Boda de Herold con Beatriz de Borgoña.

Tras esta gran sala se pasa a la ala sur de la Residenz donde visitaremos las distintas Salas del Emperador, a cuál más ornamentada. La Sala de los espejos o las distintas estancias decoradas con bellísimos tapices son de un refinamiento máximo. La verdad es que esta Residenz de Wurzburg nos ha impresionado aún más que la de Múnich, que fue la residencia principal de la Casa de Wittelsbach que gobernó Baviera durante siglos.

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Tras visitar el Palacio de la Residenz de Wurzburg entramos a la Hofkirche adjunta. Es decir, la capilla del palacio, de un recargadísimo y exultante barroco. También aquí fue Balthasar Neumann  el arquitecto que llevó a cabo el proyecto.

Posteriormente pasamos a los elegantes jardines del palacio que quedan por la parte posterior del mismo. La verdad es que son bien bonitos aunque mucho menos extensos que en otros palacios como Versalles o la Regia de Caserta. La verdad es que la visita a la Residenz es algo que no os podéis perder bajo ningún concepto durante vuestra visita a Wurzburg. Solo por visitar este palacio ya se entiende que Wurzburg se incluya entre los lugares que hay que ver en Baviera de forma obligada.

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LA FORTALEZA DE MARIENBERG

Tras comer, nos dirigimos al otro lugar de visita inexcusable en Wurzburg. Me refiero a la colina de Marienberg, donde se ubica la fortaleza que fue sede del Principado-Obispado de la ciudad durante casi 500 años.

Lo primero que llama la atención es que la colina por completo está cubierta de vides que darán lugar al bastante famoso vino de Wurzburgo. Me imagino que en época de vendimia la imagen debe ser espectacular.

La fortaleza de Mariemberg fue iniciada a partir del siglo XIII aunque, como es lógico, las distintas edificaciones que allí encontraremos corresponden a las distintas épocas constructivas. Subimos a la colina en coche, pero quien quiera puede hacerlo en un paseo que debe ser algo largo, desde luego. Hay un parking en la parte posterior de la fortaleza donde dejamos el coche por tres euros.

Tras pasar por sucesivas puertas entramos a los distintos patios interiores de la fortaleza. En uno de ellos nos encontramos una enorme torre de homenaje cuya planta baja desempeñaba las funciones de mazmorra. En este mismo patio encontramos también un pozo que tiene una profundidad de más de 100 metros y que era utilizado para abastecer de agua a la fortaleza en caso de aseo. El templete octogonal que lo adorna es bastante posterior, ya renacentista.

La iglesia ubicada junto al pozo es uno de los edificios más antiguos de la fortaleza, aunque en la actualidad está en obras de manera que no la podemos visitar.

Este patio interior está enmarcado por completo por las distintas dependencias palaciegas, mientras en tres de sus lados se disponen tres torres de base cuadrada.

Tras visitar este patio interior de la Fortaleza de Marienberg en Wurzburg nos disponemos a dar un rodeo por fuera de las murallas medievales de la misma. Cada pocos metros se dispone un torreón circular.

Ni que decir que uno de los platos fuertes de esta visita a la colina de Marienberg son las extraordinarias vistas de la Ciudad Vieja de Wurzburg que desde aquí se obtienen. Desde este punto distinguimos sin dificultad alguna casi todos los lugares que hemos visitado, desde el Puente Viejo a la catedral y las distintas iglesias o la Residenz.

También en las dependencias de la fortaleza se distribuyen varios museos. Entre ellos, el Fürstenbaumuseum que cuenta los últimos 1200 años de la historia de la ciudad. No tenemos tiempo de visitarlos, sin embargo os aseguro que la colina de Marienberg es uno de los lugares que hay que ver en Wurzburg de forma inexcusable.

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EL MEMORIAL A RONTGEN

No queríamos terminar esta visita a Wurzburg sin nuestro particular homenaje a Wilhem Conrad Röntgen, descubridor de los Rayos X. Y es que fue en esta ciudad donde el científico realizó uno de los descubrimientos médicos más importantes de la historia lo que le llevó a ser galardonado con el primer Premio Nobel de Física.

Lo cierto es que el laboratorio ha sido convertido en un homenaje al descubridor de los Rayos X y nosotros no queríamos perdérnoslo. Recuerdo perfectamente la primera clase de radiología en el tercer curso de medicina (hace ya más de 25 años) en que el Doctor Olazábal, mi profesor en la materia, nos explicó quién era Röntgen y la importancia de su descubrimiento. De manera que no hemos podido dejar de visitar este lugar que ocupa una página realmente importante en la Historia de la Medicina.

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Y así termina nuestra visita a la tercera ciudad más populosa de Baviera y capital de la Baja Franconia. Como decía, hay mucho que ver en Wurzburg, una ciudad que sorprende para bien y que merece una visita de un día entero.

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