ZAANSE SCHANS. El pueblo de los molinos de viento de Holanda.

Zaanse Schans es un pequeño pueblo que dista solo unos veinte kilómetros de Ámsterdam y que supone otra de las excursiones de medio día más recomendables desde la capital holandesa.

Todos los tópicos que se asocian a Holanda parecen darse cita en este bucólico pueblecito. Riachuelos, canales, diques, zuecos, queso y molinos, varios molinos de viento que suponen, al fin y al cabo, el motivo por el que Zaanse Schans se ha convertido en la excursión favorita de medio día para los viajeros que visitan Ámsterdam.

Hubo un tiempo en que en la zona de Zaandam, donde se asienta Zaanse Schans, se contaban por centenares los molinos de viento existentes. Fueron siglos en que, a falta de energía eléctrica, los holandeses se las ingeniaron para construir estos preciosos artilugios capaces de convertir la fuerza del viento en electricidad. Los molinos de viento generaban la energía necesaria para moler el grano, que era uno de sus usos más habituales y conocidos, pero también para otros menesteres, como la producción de aceites o pinturas.

Con el advenimiento de las nuevas formas de energía muchos de aquellos molinos perdieron su razón de ser, siendo desmantelados. Sin embargo, algunos de ellos parecieron quererse aferrar a su glorioso pasado y unos pocos, incluso, han sido restaurados si no reconstruidos por completo en los últimos años y reconvertidos para otros usos.

Zaanse Schans es una de las mejores zonas de Holanda para ver molinos de viento y, además, la más próxima a la capital, Ámsterdam. Pero, no solo molinos de viento encontraremos en esta bella localidad, pues aquí tenemos la oportunidad de visitar talleres de zuecos, por ejemplo.

Llegamos a Zaanse Schans en tren. Bajamos en realidad en la estación de Zaandijk Zaanse Schans, que dista unos quince minutos a pie del pueblecito. Quien quiera ahorrarse el paseo puede subir a alguna de las bicitaxis que ofrecen el servicio.

Enseguida llegamos al moderno puente sobre el río Zaan desde donde se dispone de una estupenda panorámica de la zona de los molinos. Desde aquí se pueden admirar los casi una decena de molinos de viento de la población, la práctica totalidad de los cuales se disponen en la orilla del río Zaam.

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MUSEO DEL RELOJ, GRANJAS DE QUESOS Y FÁBRICAS DE ZUECOS

Lo primero que visitamos es el museo del reloj, que se localiza en una de las primeras viviendas que encontramos. Se trata de un pequeño museo que se recorre en no más de quince minutos y que conserva un buen número de antiguos relojes. La visita está incluida en la Iamsterdam Card (al igual que las de los molinos), la tarjeta turística de Ámsterdam, motivo por el cuál entramos. La colección es relativamente interesante pero si no sois unos entusiastas de los relojes y no disponéis de la Iamsterdam Card no os perderéis gran cosa si no visitáis el museo. En esta zona del pequeñísimo pueblecito se disponen una serie de preciosas viviendas, la mayoría pintadas de verde, que disponen todas ellas de un bonito jardín. Otras edificaciones han sido convertidas en cafés, restaurantes o tiendas de souvenirs.

Sin embargo sí que merece echar un vistazo a la Casa de los Quesos de Catharina Hoeve. Un poco de forma rimbombante se autodenomina Cheese Farm, aunque de fábrica de quesos tiene más bien poco. Eso sí, cada cierto tiempo se hace una breve demostración de cómo es el proceso de elaboración del queso. Y si no hay explicación, basta con mirar la pequeña exposición para entender el proceso de cuajado, prensado o salazonado del queso. Desde luego, mejor lugar para disfrutar este manjar son las poblaciones de Edam y Gouda, que dan nombre a dos de los quesos más famosos de Europa, o la de Alkmaar, cuya feria de los viernes es un auténtico acontecimiento, aunque solo se celebre el verano. En este post os comento más acerca de las visitas a Edam, Gouda y Alkmaar. Si vais justos de tiempo, sin embargo, quizá merezca la pena contratar alguna excursión que combina las visitas a Zaanse Schans con las de Volendam y Edam.

También tiene su interés la visita al taller de fabricación de zuecos de Zaanse Schans, otra industria de reconocida solvencia en este país. Zuecos, quesos, molinos, tulipanes… ¿esto es Holanda, no?

Como no puede ser de otra manera, más allá de disfrutar de la demostración, aquí lo que se impone es llevarse a casa un par de zuecos holandeses. Más duraderos que el queso, desde luego.

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ZAANSE SCHANS Y LOS MOLINOS DE VIENTO

Tras esta visita es hora de retomar el paseo que se extiende a lo largo del río Zaan para visitar algunos de los distintos molinos de viento que se disponen casi en fila india, uno tras otro.

En primero que visitamos es el Molino de Kat, que data de 1782 y que es el último molino de viento del mundo dedicado a la fabricación de pintura, de los 55 que se sabe que existieron dedicados a este menester. ¿Un molino de pintura? Pues sí, en Zaanse Schans conoceremos que los molinos son utilizados para muchas otras funciones más allá de la de moler el grano. Desde que los molinos se instalaron en esta zona, alrededor del año 1600, fueron utilizados como generador de energía para industrias tan distintas como el proceso de cebada, arroz, tabaco, cáñamo, mostaza, papel o madera.

La cuestión es que las maderas tintóreas tropicales eran importadas por Holanda a partir del 1600. Estamos en pleno Siglo de Oro Holandés. Es decir, la época de Rembrandt, Hals o Vermeer, por ejemplo. Las astillas de la corteza de estas maderas eran trituradas gracias a los molinos de viento, a fin de conseguir polvo de madera. A partir de 1700 este procesado se aplicó también a otros tipos de pigmentos, pero la cuestión era siempre la misma, conseguir polvo de pigmento que era envasado para venderlo a los clientes. Es decir, a los pintores. Este molino, como otros de Zaanse Schans, tuvo su segunda oportunidad a partir de finales de los años 50 del siglo XX. Sin embargo, solo desde hace diez años se ha reanudado la producción de pigmentos pictóricos en De Kat que, por cierto, pueden adquirirse en el mismo molino de viento.

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Ni 100 metros separan este molino del siguiente que visitamos. Su nombre es De Zoeker, se trata de un molino de viento dedicado a la producción de aceite y fue construido en el 1676. Primero entramos en una estancia donde un video de unos 10 minutos, muy ameno, nos muestra cómo funciona el molino y cómo es la vida del molinero o encargado del molino durante un día de trabajo. Esto nos ayuda a comprender los mecanismos del molino y a disfrutar de la visita. El molido de semillas de alto contenido graso era habitual por estas latitudes. Productos como la colza, la linaja o la canola era de los más utilizados en este sentido. Desde luego, con la industrialización llevada a cabo a partir de mediados del siglo XIX, la mayoría de molinos de viento cesaron en esta actividad. Sin embargo, el De Zoecker sigue dedicándose al prensado de cacahuete a fin de conseguir el aceite que, una vez más, se puede adquirir en el mismo molino. El grano molido se calienta a 80 grados, lo que permite que las grasas se suelten. Posteriormente, un proceso de prensado permite recolectar el aceite. El mecanismo, como en caso del molino anterior, sigue en activo y, en realidad, el molinero está realizando sus labores durante nuestra visita.

Desde lo alto de la terraza se obtienen unas fabulosas vistas de la región. Este  molino, por cierto, fue trasladado desde la vecina Zaandijk donde estuvo ubicado durante varios siglos, en 1968. En aquél momento este molino de viento hacía ya varias décadas que había dejado de funcionar y su estado era francamente ruinoso. Tras su proceso de remodelación ha tenido su segunda oportunidad, como varios de los molinos de viento de Zaanse Schans.

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El último de los molinos que visitamos es el más moderno de todos. Se llama Het Jonge Schaap y fue, ya no remodelado, si no reconstruido por completo, a partir del 2007. Esto es lo que nos cuenta el video introductorio que tenemos la oportunidad de visualizar antes de iniciar la visita. Si sorprendente es que en el siglo XXI se haya construido un molino de viento siguiendo la misma tecnología existente hace 400 años, más sorprendente es saber sobre su cometido. Hen Jonge Schaap desempeña las funciones de aserradero. Es decir, la fabricación de bigas y tablones de madera. La cuestión en que la energía eólica es utilizada para movilizar unas enormes sierras de bastidor que no hacen otra cosa que serrar, valga la redundancia, los enormes troncos dispuestos para esta función. En el momento de máximo esplendor de los molinos de vientos, se sabe de la existencia de unos 200 aserraderos de este tipo.

Y este será el último de los molinos de viento que visitaremos en Zaanse Schans aunque un centenar de metros más allá, aún observamos la existencia de algunos más.

La verdad es que la visita a Zaanse Schans merece mucho la pena. Se trata de algo así como medio día en la campiña holandesa, conociendo parte de sus tradiciones y algunos de sus paisajes más típicos. Si visitáis Ámsterdam y os sobra medio día (en realidad, a los viajeros no nos sobra jamás el tiempo, pero bueno..) quizá sea esta excursión la que más merezca la pena. Y si lo podéis combinar con una visita a Marken, Volendam y Edam, mejor que mejor.

Os dejo también nuestro post sobre los más importante que ver en Amsterdam en 3 días.

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4 comentarios en “ZAANSE SCHANS. El pueblo de los molinos de viento de Holanda.

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