PALACIO REAL DE CASERTA. Un palacio para los reyes de Nápoles.

patrimonio humanidadEl Palacio Real de Caserta o Reggia de Caserta es uno de los palacios reales más grandes de Europa y, sin embargo, uno de los más desconocidos por los españoles. Casi a cualquier viajero le vendrán a la mente los palacios reales de Madrid, Versalles, San Petersburgo o Viena. Los más avezados, probablemente no tengan problemas en recordar algunos de los varios palacios que mandó edificar Luis II de Baviera, el Rey Loco, o incluso el romántico Palacio da Pena, cercano a Lisboa. Sin embargo, el Palacio Real de Caserta parece mantenerse en un segundo plano, como si casi no existiese. Incluso, no son pocos los viajeros que visitando la italiana región de la Campania lo ignoran. Y la verdad es que la visita a la Reggia de Caserta merece mucho la pena.

El Palacio Real de Caserta se localiza a una treintena de kilómetros de Nápoles, la capital regional. Además, es accesible en transporte público desde la capital de la Italia más septentrional. No es extraño que, desde 1997, el palacio en cuestión esté incluido dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad. Estamos hablando, ni más ni menos, que la mayor residencia real jamás construida.

Palacio Real de Caserta

LA REGGIA DE CASERTA, UN PALACIO PARA EL REINO DE NÁPOLES

El Palacio Real de Nápoles tiene su origen en el deseo de Carlos VII, Rey de Nápoles, de dotarse de un palacio digno del entonces casi incipiente Reino de Nápoles. Estamos en tiempos del barroco, que se ha adueñado del estilo palaciego en la práctica totalidad de los grandes palacios europeos de los que el de Versalles, el Palacio Real de Madrid o el Hofburg vienés no son más que la punta de lanza de un estilo que dominará, por completo, todo el continente.

Tras varios años en que Sicilia y Nápoles habían estado bajo dominación austríaca, varios pactos entre las familias reales de España, Francia y Gran Bretaña, todas ellas pertenecientes a la Casa de Borbón, terminan por conceder dichos territorios a los monarcas españoles. Sin embargo, el pacto estipulaba que Nápoles y Sicilia debían permanecer como estado independiente. Es por ello que Carlos de Borbón, tercer hijo de Felipe V, asumió el reinado en cuestión como Carlos VII de Nápoles o de las Dos Sicilias (aunque, como tal, el reinado de las Dos Sicilias no se fundaría hasta 1816). El mismo rey Carlos de Borbón, asumiría el trono español, como Carlos III, en 1759, tras fallecer sus antecesores en el cargo, Luís I y Fernando VI, sin hijos.

La cuestión, como explicaba, es que uno de las primeros menesteres que ocuparon al nuevo rey napolitano fue el de hacer construir un palacio real que poco o nada tuviera que envidiar al del Rey Sol que, por aquél tiempo, por cierto, ya había fallecido.

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El escogido para diseñar el proyecto fue un arquitecto napolitano, Luigi Vanvitelli, que en aquella época estaba trabajando a las órdenes del Santo Padre, Benedicto XIV, en Roma. La Santa Sede liberó a Vanvitelli, que pudo dedicarse en cuerpo y alma a proyectar el palacio más grande que jamás se había esbozado.

No es extraño que el Palacio Real de Caserta se asemeje tanto al de Versalles, pues no hay que olvidar que, por aquel entonces, el palacio francés era considerado como el súmmum de la delicadeza. Sin embargo, para este palacio, Vanvitelli une al fastuoso barroco conceptos ya propios de un neoclasicismo que empezaba a despuntar en la segunda mitad del siglo XIX.

Aunque los trabajos avanzaron con bastante rapidez habida cuenta de la magnitud de la obra, la partida del Carlos III hacia España, en 1759, a fin de asumir el reinado del país, propició un brusco parón en el ritmo constructor de la Reggia. Bernardo Tanuccio, político toscano que hacía las veces de Primer Ministro de Nápoles, se convierte en regente, pues Fernando I, tercer hijo de Carlos III, tenía por aquél entonces únicamente ocho años. Fernando I no asumió la regencia hasta 1767.

La Reggia de Caserta fue terminada, finalmente, por el hijo de Luigi Vanvitelli, Carlo, que fue quien se encargó de finalizar el palacio según los planos de su padre.

LA VISITA AL PALACIO REAL DE CASERTA

Tras caminar por una larga calzada que deja, a ambos lados, una importante extensión de césped decorado con setos, llegamos al Palacio Real de Caserta. Su ancha fachada con hasta 4 hileras de ventanales nos hace pensar en un interior suntuoso. En el centro de la fachada se dispone un enorme pórtico y a ambos laterales, dos más.

Subimos por la marmórea y escenográfica escalera real, la Scala Regia, diseñada a fin de demostrar el poder absoluto del que gozaban los borbones por aquél tiempo. Estamos en tiempos del despotismo ilustrado y el poder absolutista de los monarcas debía marcarse desde la mismísima entrada al palacio. El primer tramo de escaleras se divide en dos al llegar al primer rellano. Es aquí donde se disponen dos preciosos leones que entendemos alegóricos del poder real. Si seguimos subiendo llegamos al vestíbulo superior, donde destaca el bellísimo suelo de mármol y que se cierra por una bonita cúpula.

Antes de entrar a los Apartamentos Reales, visitamos tres grandes salas: son la Sala de los Alabarderos, la del Cuerpo de la Guardia y el Salón de Alexander. Aquí ya entendemos que la suntuosidad será la norma en el palacio, pues podemos disfrutar de unas primeras estancias primorosamente decoradas, con unos suelos de mármol bellísimos, con las paredes ornamentadas por bellas pinturas y con unos techos pintados al fresco con suma delicadeza y que simbolizan las virtudes de la Casa de los Borbon-Farnesio.

Durante la visita también recorremos un buen número de los Apartamentos Reales que conserva gran parte de la decoración original que, aun siendo bastante cargada, no llega a la extenuación del palacio versallesco. Eso sí, grandes arañas penden del techo que suele estar pintado con bellos frescos alegóricos de la familia reinante.

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Visitamos las estancias que fueron ocupadas por Fernando I de Nápoles y su esposa María Carolina de Austria quien, por cierto, había nacido en otro de los más bellos palacios reales del mundo, el vienés Palacio de Schönbrun. Dorados, espejos, relojes, porcelanas, frescos y mobiliario de época no pueden faltar, como es de suponer, en las habitaciones privadas de los monarcas napolitanos. Finalmente, llegamos a la biblioteca palatina, que hacía honor a este concepto político de despotismo ilustrado del que hicieron gala los monarcas de aquellos tiempos. 

Otra de las salas que no tiene desperdicio es la del Salón del Trono, de 40 metros de longitud y que recibe la iluminación natural gracias a seis ventanales. El fresco del techo representa la colocación de la primera piedra en la Reggia de Caserta.

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Tras las dependencia personales de los monarcas pasamos a una de las entancias más bellas del Palacio Real de Caserta, la de la Capilla Palatina, como no podría ser de otra manera dado el fervor católico de la dinastía borbónica. Preciosas columnas de mármol de orden corintio decoran este pequeño templo que también tiene en su homónima de Versalles, a su modelo.

Tampoco podía faltar en el Palacio Real de Caserta un Teatro de la corte diseñado en cinco logias o pisos de palcos y con un gran palco de honor en su zona central.

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Visitar el Palacio Real de Caserta desde Nápoles en transporte público es muy fácil. Desde la estación de Napoli Centrale parten varios trenes cada hora. La estación de Caserta está justo enfrente de la Reggia. El trayecto dura entre 40 y 55 minutos según el servicio.

LOS JARDINES DE LA REGGIA DE CASERTA

Tras la visita a los interiores del Palacio Real de Caserta es momento de perderse por sus jardines. Aun no siendo tan espectaculares como los de Versalles, la verdad es que su tamaño no tiene mucho que envidiar al parisino al que toma, nuevamente, como modelo.

También fue Vantivelli quien diseño los jardines. La enorme perspectiva que se puede visualizar si llegamos al final de los jardines, con un alargado estanque que los domina y con un buen número de fuentes y ornamentación escultórica, rivaliza con las grandes perspectivas que ofrecen los jardines de Versalles. A ambos lados de este estanque se dispone una bonita arboleda, que se convierte en bosque, al final del jardín.

Todo ello, se prolonga hasta tres kilómetros, que buenos son de recorrer a fin de llegar a la bonita Fuente de Diana y Actaeon que se dispone a los pies de una paisajística cascada que cierra el jardín por su flanco posterior.

La verdad es que los jardines de la Reggia están al nivel de la monumentalidad del Palacio Real de Caserta, una visita que merece ser tenida en cuenta por todo viajero que tenga la oportunidad de recorrer la Campania italiana.

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Y como seguro que os desplázais desde Nápoles para visitar la Reggia de Caserta, os dejo un post sobre Nápoles de nuestros amigos de 365 sabados viajando

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2 comentarios en “PALACIO REAL DE CASERTA. Un palacio para los reyes de Nápoles.

  1. Cada vez que entro en un palacio de estas dimensiones me imagino cómo tuvo que ser la vida allí… son lugares impactantes y este en concreto, por lo que vemos en las fotos y lo que nos cuentas, merece la visita! Gracias por compartir :)

  2. La verdad que me ha recordado bastante al Palacio de la Granja en Segovia, el de Versalles no pudimos visitarlo, así que no sé si se asemeja. De todas formas, esta visitas están muy bien, y siempre que tengo la oportunidad incluyo algún palacio. Pero este de Nápoles no lo conocía. Apuntado queda.

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