TREKKING EN CHIANG MAI. Buscando a los Karen.

Estamos en Chiang Mai, en el norte de Tailandia, donde llegamos ayer dispuestos a conocer la ciudad. Antes sin embargo, haremos un trekking de tres días por los bosques y montañas que rodean la zona, donde se encuentran dispersas varias de las minorías étnicas de Tailandia , muchas de las cuales son refugiadas de otros países vecinos del sudeste asiático. El primer día de camino nos tiene que acercar hasta un poblado refugiado karen.

Llueve a cántaros. De buena mañana el cielo está oscuro, lleno de nubes negras. Esperamos que sea una de estas lluvias monzónicas que duran un rato y después amainan. Desayunamos en el hotel y bajamos las mochilas que nos llevaremos estos días de trekking. Hemos cargado con un par de mudas interiores, un par de camisetas, unos pantalones cortos, un bañador, unas chanclas y unas sábanas. Poco. Más vale no llevar peso innecesario pues tendremos que cargar con la mochila durante tres días. Nos faltan los impermeables, de modo que como sigue lloviendo violentamente voy a la tienda de enfrente del hotel para comprar dos, seguramente a un precio más elevado del que tocaría. Pero con la que está cayendo, mejor no negociar demasiado y asegurarse el impermeable.

DE TREKKING POR EL NORTE DE TAILANDIA

Volvemos al hotel y enseguida llega nuestro guía. Nos presenta a los otros cinco componentes del trekking. Son cuatro daneses y un londinense que es alto como un San Pablo y que es la pareja de una de las danesas. Deben tener poco más de treinta años. Su hermana, de unos cuarenta viene acompañada de un hijo de unos catorce años y una hija de unos diez. Nos hacemos entender en inglés, son gente agradable, de manera que parece que pasaremos unos días en buena compañía.

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Nos ponemos en marcha en un jeep. Enseguida para de llover. En poco más de media hora paramos en Mae Malai donde hay un mercado local. Destacan como siempre las frutas, con sus vivos colores y sus variadas formas, siempre exóticas para nuestro ojos. También hay grillos y gusanos para comer. Y carne. Compramos una linterna, y también caramelos para los niños que nos encontraremos durante el trekking. Nos han asegurado que mejor llevar dulces que cuentos y material escolar. Parece que de eso no les falta.

Volvemos a subir al jeep y en un rato llegamos al Parque Nacional de Doi Suthep. Caminamos un rato y nos encontramos con una preciosa cascada que cae a más de treinta metros de altura sobre una balsa que te cubre hasta la cintura. Todos llevamos el bañador, por lo que nos refrescamos y estamos un buen rato disfrutando del baño en medio de la frondosa naturaleza.

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Después de comer en una cabaña cerca de la carretera, comenzamos a caminar. Subidas, bajadas, zonas más difíciles y zonas más fáciles, pero siempre sobre un terreno bastante seco y sólo en algunos sectores, un poco embarrado. Nada hace recordar que hace unas horas caían litros y litros de agua sin parar. Muchos viajeros explican que el trekking se hace muy fatigoso cuando llueve. Enseguida se enfanga y salen las sanguijuelas. Por suerte, sin embargo, el terreno es bastante bueno y sólo la hija de la danesa parece tener problemas para seguir el ritmo. Tiene la espalda quemada después de unos días en las playas de Krabi y le duele al llevar la mochila.

LLEGAMOS A UN PUEBLO KAREN DE TAILANDIA

Después de unas tres horas de caminar, casi de forma ininterrumpida, en medio de una naturaleza que se manifiesta en su máxima expresión, llegamos al poblado donde tendremos que pasar la noche. Es un poblado donde viven unas doscientas personas de la etnia karen. Las cabañas están hechas de madera, con una parte inferior que sirve de establo y una parte elevada que es la vivienda. Hay gallos, gallinas, bueyes y muchos jabalíes. De las cabañas salen algunas mujeres con su falda típicamente bordada, a menudo llevando a hombros algún bebé. Una joven karen le da el pecho a su hijo y no le importa posar para nosotros. Unas mujeres más viejas están trabajando el arroz, ya sea separando el grano de la paja o moliendo el arroz. Van a lo suyo, pero si nos acercamos son amables e intentan interactuar con nosotros, aunque no saben nada de inglés. Los niños y las niñas juegan. Unos han construido una rudimentaria bicicleta de madera y lo pasan igual de bien que un niño occidental con su playstation. No conocen la alta tecnología, pero eso no les hace falta para ser felices. No hay casi hombres en el poblado. Aun es media tarde y están trabajando en el campo. La mayoría en arrozales y algunos, de ganaderos.

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Se hace oscuro y los hombres y también algunas mujeres vuelven al poblado. Es hora de cenar, antes de que la nohe sea plena. No hay luz en el poblado, por lo que cuando oscurece es momento de dormir y cuando sale el sol, hora de levantarse.

Nuestra cabaña está en la zona más baja del poblado. Es como la de los autóctonos. Los siete tenemos nuestro colchón. Encima ponemos la manta. Hay unas mosquiteras individuales para cada colchón. Mejor. Ya hemos visto durante el trayecto que nos ha llevado al poblado, como las gastan los mosquitos de la zona. Y eso que nos habíamos untado de repelente de mosquitos.

El guía nos ha preparado la cena a base de arroz, verduras y carne. Es bastante buena. Después de cenar todavía tenemos tiempo de hacer unos juegos de manos y para hablar un rato.

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También aprovecho para releer mis apuntes sobre los Karen: son un grupo étnico presente en Tailandia, Laos y sobre todo, Birmania, que inicialmente, sin embargo, provenían de Mongolia. Según las fuentes, hay entre cinco y catorce millones de karen, la mayoría en Birmania. En Tailandia son unos quinientos mil. Durante tiempo, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, los Karen han pedido la creación de un estado karen independiente que se situaría en el sur de Birmania, o al menos la creación de un estado federal que les dé unos ciertos derechos. Es por ello que las guerrillas karen se han enfrentado repetidamente al poder birmano. Sin embargo, los karen han sido fuertemente represaliados por el gobierno birmano, con violaciones sistemáticas de los derechos humanos más básicos, pero también con torturas y homicidios generalizados, como ha denunciado repetidamente Amnistía Internacional. Muchos se han visto obligados a cruzar la frontera para quedarse en Tailandia donde son más tolerados, pese a que la política oficialista intenta asimilarlos a la cultura thai. En este contexto les es realmente difícil preservar su identidad nacional, fundamentada en una cultura, una lengua (con diferentes dialectos según los subgrupos) y unas creencias que no tienen nada que ver con las thai o las birmana. Suelen vivir en pequeños poblados de unas dos o trescientas personas en zonas donde pueden cultivar la tierra. A los pocos años, suelen abandonar el poblado y fundar otro, donde la tierra sea más fértil. Inicialmente eran animistas, pero muchos se convirtieron al budismo y últimamente, al catolicismo. El gobierno de Bangkok los intenta sedenterizar, pero ellos se resisten. Esto sería, a buen seguro, una sentencia de su cultura.

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De buena mañana, el kikirikí de los gallos y la claridad que entra por las rendijas de nuestra cabaña nos despiertan. A todos, menos a mí, porque he estado previsor y me he llevado para estos días que teníamos que dormir en el bosque, unos tapones para los oídos y también un antifaz para los ojos. El ruido que se oye cuando oscurece se hace imposible de describir. Sobre todo, ruidos de insectos, a cual más agudo y también ruidos de otros animales que preferimos no saber qué son. Sin tapones para los oídos, no habría podido ni cerrar los ojos. Esta noche, sin embargo, me he despertado al menos tres o cuatro veces. Dormir en el suelo, aunque sea sobre un colchón no es demasiado cómodo, pero además, un gato negro que ayer rondaba por la cabaña se ha encariñado de mi, hasta encontrar en mi cabeza, un buen colchón para pasar la noche. Al menos ha estado dos horas durmiendo sobre mi cabeza.

A medida que nos vamos despertando vamos hacia unos barracones que hay al lado de nuestra alcoba. Allí encontramos un cubo lleno de agua y una manguera que nos hará de ducha. También están las letrinas.

Se siente el aire puro de la mañana. Aquí no hay contaminación. Todo es tranquilo. Los toros y jabalíes ya hace rato que se han despertado. Desayunamos unas tostadas con mermelada y enseguida nos ponemos en ruta. Por delante todavía nos quedarán dos días de trekking, entre bosques de bambú, descubriendo otras minorías étnicas que residen en la zona, conociendo algún campo de elefantes o haciendo rafting sobre balsas de bambú.

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5 comentarios en “TREKKING EN CHIANG MAI. Buscando a los Karen.

  1. El Nord de Thailàndia és preciós. Vam visitar un poblat de karen però ni vam arribar caminant sino en barca pel Mekong… la primera vegada que vaig veure el gran Mekong. Quan hi torni faré el trekking!

    Bon cap de setmana

    • Es veritat, Teresa. El nord és una zona preciosa del pais. I el sud, i les illes…La veritat és quan quan veus per primera vegada el Mekong és un moment que no s’oblida mai. Jo tinc pendent de veure el seu delta. Espero poder complir-ho! Bon cap de setmana! I de pas, seguir coneixen minories ètniques del sudest assiàtic, ja sia a la Xina o al nor de Vietnam. Ens queda tan per recórrer…

    • Hola Ana. Lamentablemente no me quedé con el nombre de la empresa. Hay cientos de ellas en Chiang Mai y se pueden contratar de un día para otro. Como las empresas salen como setas no está mal preguntar a viajeros allí mismo, in situ. Seguro que encontráis a varios que han llegado del treking al día anterior y os aconsejarán sobre si la empresa ha sido seria o no.

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