TBILISI. Visitar la capital de Georgia. Primera Parte: de Rustaveli a Abanotubani.

Hemos llegado a Tiflis de madrugada, procedentes de Estambul. El vuelo llega a las 2.50, por lo que nos hemos asegurado que Bejani, que nos ha alquilado un céntrico apartamento en la capital georgiana nos venga a buscar al aeropuerto. No falla, y en media hora, llegamos a su apartamento, a dos minutos de la estación de metro de Marjanishvili, que dicho sea de paso, es una de las calles más vitales y cuidadas de la ciudad, hasta el punto que es conocida como la “Pequeña Praga”.

Dormimos unas horas y cuando nos despertamos, nos disponemos a descubrir Tbilisi. Una vez comprados los billetes de tren que dentro de cuatro días nos llevará en un trayecto nocturno, hasta Ereván, la capital de Armenia, volvemos a tomar el metro hasta la parada Rustaveli, donde empezaremos el recorrido.

En Tbilisi se han encontrado asentamientos humanos que datan del 4000 AC. La ciudad actual de Tbilisi, sin embargo, que actualmente se acerca al millón y medio de habitantes, fue fundada en el siglo V por el rey Vakhtang Gorgasali, una de las figuras más queridas en todo el país, y ha sido de manera casi ininterrumpida la capital de Georgia. La fundación de la ciudad se hizo en ambas riberas del río, en los distritos que hoy conocemos como Abanotubani y Metekhi. Aunque de vestigios de esta primera época encontraremos más bien pocos, nos han asegurado que Tbilisi dispone de una de las ciudades viejas más encantadoras del cáucaso. Y nosotros vamos a conocerla.

DE LA PLAZA RUSTAVELI HASTA LA PLAZA DE LA LIBERTAD

Bajamos en la parada de metro de Rustaveli y nos ponemos a caminar en dirección a la Plaza de la libertad por la Avenida Rustaveli. Esta es una de las avenidas más importantes de toda la ciudad y fue diseñada en el siglo XIX, durante la época de dominio ruso. El diseño de la avenida fue realizado por el parisino Barón Haussmann, el político francés, que fue responsable también de la renovación de la capital de Francia.

Enseguida nos llaman la atención los grandes edificios que encontramos en una y otra acera. Edificios públicos que iremos encontrando como el viejo parlamento o como los que suponemos son (o eran) varios ministerios. Se trata de una avenida amplia, con pequeñas esculturas aquí y allá y donde descubrimos que en Tiflis no tendremos ningún problema para comer ni cenar, pues de restaurantes hay en todas partes y además, una primera mirada a los menús, nos hace creer que los precios no son nada caros.

Desgraciadamente también nos llama la atención otro aspecto. Hay mucha gente pidiendo en la calle. Personas mayores, jóvenes e incluso varios niños de menos de 5 años, que están solos, en una esquina, pidiendo caridad. De hecho, no hay ni cincuenta metros seguidos donde no haya alguien pidiendo. Cabe decir, que esto contrasta con Ereván, donde al cabo de unos días, casi no encontraremos a nadie pidiendo.

En la Avenida Rustaveli nos detenemos en varios edificios, pero quizás el más bonito de todos, es el del Teatro del Ballet y la Ópera, que tiene un estilo muy curioso, mezcla oriental y occidental y que data del 1896. También destaca una iglesia blanca, la Kashveti, la primera de las muchas iglesias ortodoxas georgianas que conoceremos en el viaje. Es un templo bastante actual, de 1910, pero que basa el diseño en la medieval Catedral Samtavisi, que se encuentra a 45 kilómetros de Tiflis. Georgia es un país de leyendas y esta es una iglesia que se relaciona con uno de los personajes más queridos en el país: Davit Gareja, uno de los trece padres asirios, que llegaron a Georgia, procedentes de Mesopotamia, para impulsar el cristianismo. Según cuenta la leyenda una monja acusó al padre Davit de haberla dejado embarazada. Aunque él lo negó, pocos le creyeron. Finalmente, Gareja dijo “si es verdad, que nazca un niño, y si es mentira, una piedra”. Ni que decir que lo que dio a luz la monja fue una piedra, por lo que ante tal milagro, decidieron levantar un santuario, llamado Kashveti, que quiere decir “la piedra que nace”. Como decimos, la actual es sin embargo, de principios de siglo XX.

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También nos detenemos unos segundos a hacer unas fotos en el antiguo parlamento de Georgia. Y decimos antiguo, porque este edificio soviético cesó en sus funciones, cuando el Parlamento fue trasladado a Kutaisi, en 2012. Para el nuevo edificio de Kutaisi, el presidente Mijail Saakashvili proclamó “Al igual que la nueva Georgia, este edificio es moderno, impresionante y transparente. Y al igual que la nueva Georgia, este edificio representa la igualdad y accesibilidad para todos los miembros de nuestra sociedad”. En fin, que el edificio que vemos en la avenida Rustaveli, no es ni nuevo ni transparente. De hecho se trata de un mamotreto de color marrón claro, bastante feo y que se sustenta por diecisiete columnas, que separan los 16 arcos que simbolizan las 16 repúblicas que formaban parte de la Unión Soviética.

La avenida Rustaveli se abre finalmente a la Plaza de la Libertad o Tavisuplebis Moedani. Se trata de una plaza ancha, bastante escénica y que suele ser la sede principal de las manifestaciones más importantes contra el gobierno. Probablemente podríamos hablar de que se trata del verdadero centro de la ciudad de Tbilisi, de manera que durante la época soviética, la plaza estaba presidida por una estatua de Lenin. Ahora sin embargo, en lo alto de la columna que hay en el centro de la plaza encontramos a San Jorge, en una imagen dorada bastante llamativa. También encontramos en la plaza la sede del Antiguo Ayuntamiento de la ciudad, que a igual que la Ópera que hemos visto en Rustavelli está construido en un estilo mezcla de oriente y occidente. Comentar que en medio de la plaza se encuentra la oficina de turismo, que nos dio algunos mapas de la ciudad, así como algunas informaciones que requeríamos para las visitas que queremos hacer estos días. El personal habla inglés, lo que se agradece, pues ya vemos que en Tbilisi, excepto algunos jóvenes, la mayoría de gente no lo habla (ni poco ni mucho).

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LA CIUDAD VIEJA (OLD TBILISI): DE LA PLAZA DE LA LIBERTAD HASTA LA PLAZA GORGASALI Y ABANOTUBANI.

Desde la Plaza de la Libertad hay que tomar la calle Abkhazia, el eje vertebrador del barrio viejo de Tbilisi es decir, la Old Tbilisi o como se la llama aquí, el Kala. La calle Abkhazia nos llevará hasta la plaza Gorgasali, ya a los pies de puente Metekhi que salva el río Mtkvari. Hay que decir, sin embargo, que el Kala se disemina a ambos lados de la calle Abkhazia, por lo que a menudo nos perderemos por calles que se encuentran a izquierda y derecha de Abkhazia, a fin de encontrar los diversos monumentos que hay en la zona y que son los más antiguos de la ciudad. También es esta una zona llena de restaurantes, de manera que cuando llevamos pocos metros desde la plaza de la libertad decidimos comer en el Restaurante 1001 noches. Es una buena elección, un restaurante con buen aspecto que mezcla la cocina georgiana con la persa. Disfrutamos de verdad, y por primera vez del Jinkali, unas bolsitas de pasta que están rellenas de carne (también de queso o setas), y del Jachapuri, un pan muy típico del país que está mezclado con queso. Tanto uno como otro son platos verdaderamente nacionales y que iremos encontrando en todo el país. Un Ojakhuri (una especie de estofado de ternera con cebolla y patatas) exquisito completan la comida. 100% recomendable, disfrutamos de verdad de las 1001 noches.

Es el Kala la zona con más encanto de la ciudad y a medida que vamos bajando nos encontramos, de forma casi consecutiva, con tres templos de tres religiones diferentes. Desgraciadamente los tres están cerrados en este momento, por lo que sólo podemos disfrutar del exterior. Así, disfrutamos de las destartaladas iglesias Armenia de Norashem y la ortodoxa de Jvari Mama, mientras comemos un helado en el pequeñísimo jardín que queda en frente de una de ellas, comprado en Luca Pola, una extraordinaria heladería en la misma calle Abkhazia.

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Más abajo, encontramos la Gran Sinagoga, un templo construido a principios de siglo XX y que es el lugar de reunión principal de la comunidad judía de la ciudad. De hecho, uno de los días que estaremos en Tbilisi, coincidiendo en viernes tarde, es decir, en pleno sabath, nos cruzaremos con una hilera de más de treinta judíos que bajan por la calle Abkhazia, bien arreglados, a buen seguro, camino del templo.

Volvemos a subir unos metros por Abkhazia por que hay que romper hacia la derecha para encontrarnos con uno de los templos más importantes de la ciudad: la Catedral de Sion o de la Dormición. El templo inicial fue construido entre los siglos V y VII, pero como muchos templos de Tbilisi, fue víctima de las diversas invasiones extranjeras que la saquearon y destruyeron. De modo, que después de varias reconstrucciones, el templo actual dataría del siglo XIII. Al parecer, el templo original fue mandado construir por el rey Vakhtang Gorgasali, fundador de la ciudad. Pero el príncipe Guaram, cien años más tarde inició una nueva construcción que fue continuada por su sucesor, Adarnase. Según la leyenda, los dos príncipes estarían enterrados en la catedral, aunque nunca se han podido encontrar sus restos.

Lo que vemos ahora, el templo del siglo XIII corresponde a la típica construcción eclesiástica georgiana, con planta de cruz, con los ábsides poligonales en el este y la entrada principal al oeste. Es un templo sobrio, sobre todo, en cuanto a su exterior, que es huérfano de ornamentaciones. Como siempre, la cúpula, se eleva por encima de un esbelto tambor. Y como casi siempre, en las iglesias georgianas que iremos viendo, el campanario queda apartado de la estructura principal.

Hoy es domingo, por lo que dentro están oficiando alguna ceremonia, pero poco a poco, podemos ir apreciando los diversos murales y frescos que hay en el interior. También disfrutamos del hermoso iconostasio y Marc aprovecha para pedir unos deseos, mientras enciende unas velas, en un ritual que se repite iglesia tras iglesia (en las ortodoxas, sobre todo) ya sea en Macedonia, en Serbia o Ucrania.

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Para llegar hasta la plaza Gorgasali nos perdemos por una serie de callejuelas, como la Bambis o la Chardin, que están llenas de restaurantes, bares, pubs y terrazas, de precios todos ellos más elevados y que nos podrían situar en cualquier ciudad de la Europa occidental.

Y así hemos llegado a la plaza Gorgasali, que era donde estaba el antiguo bazar de la ciudad, pero que ahora es un nudo de tráfico. Sin embargo, también dispone de varios restaurantes y un pequeño bazar subterráneo. Desde la plaza se puede atravesar por el puente Metekhi hacia la otra orilla del río, pero vale la pena seguir por la misma ribera, siguiendo el curso del río por la calle Gorgasali, para disfrutar de un precioso paseo donde los acantilados que caen a pico hasta el río Mtkvari son protagonistas de una de las escenas más bonitas que hay en la ciudad. En efecto, el la otra orilla, donde está el margen izquierdo del río y el barrio de Avlabari queda en una plataforma superior, respecto al margen derecho del río, donde estamos ahora. Durante el paseo de no más de 15 minutos, disfrutamos, incluso, de alguna pequeña cascada que se descuelga de los altos del acantilado.

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Cruzamos la calle Gorgasali, para acercarnos a una de las zonas más encantadoras de la capital georgiana: Abanotubani.

Abanotubani queda justo por debajo de la fortaleza Narikala, que domina desde una colina, toda la ciudad de Tbilisi. Se trata de un distrito, que es fundacional de la ciudad, y que está dedicado a los baños de azufre, una auténtica institución en la capital georgiana. Efectivamente, en Tbilisi hay varias fuentes de agua sulfurosa. De hecho, el rey Vakhtang Gorgasali descubrió la existencia de estos manantiales cuando su halcón murió escaldado al caer en uno de ellos. Esta zona ha sido cuidadosamente restaurada en los últimos años y varios de los antiguos baños también, por lo que irse a bañar en uno de estos baños es una de las actividades imprescindibles de Tbilisi. Las preciosas cúpulas de ladrillo, hacen que sea imposible no encontrarlos. De hecho, la fotografía de las cúpulas, con la fortaleza de Narikala al fondo, es también una de las más habituales en los puestos de postales.

Hay que tener en cuenta, que antiguamente, muchas de las casas de la ciudad no tenían ni ducha ni bañera, por lo que era habitual utilizar los baños públicos.

Preguntamos en varias casas de baños de la zona. Al menos hay 4 prácticamente contiguas, pero seguramente haya alguna más. Todas funcionan igual. Aparte de los baños públicos, muy baratos, donde a menudo sólo hay una ducha, los baños tienen algunas celdas para familias, más anchas, donde además de la ducha, hay una gran bañera de agua caliente sulfurosa. Los precios van de los 30 a 70 laris por hora, según el lujo que se busque. Incluso, hay alguna más cara. Muchos de ellos, también ofrecen la posibilidad de hacerse un masaje. Si se necesita toalla, se puede alquilar. Nosotros, la llevábamos del apartamento. Antes de entrar en la celda, se puede pedir que te la enseñen. Y después de preguntar a tres o cuatro baños, accedemos al que nos parece mejor, de acuerdo también a nuestro presupuesto.

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Comentar, que el más famoso de todos, Orbeliani, que tiene una fachada que recuerda las múltiples mezquitas persas que conocimos en Irán, e incluso tiene un par de minaretes a lado y lado, lo encontramos cerrado. No llegamos a saber si los están reformando o sencillamente hoy no abren, pero la sensación que nos da no es la de que sea cosa de un día, que estén cerrados.

Elegimos el baño que nos parece adecuado a nuestro bolsillo y disfrutamos de la experiencia. La celda tiene una primera salita, de unos 8 metros cuadrados, con un par de sofás y una mesa. Allí nos cambiamos y pasamos a una segunda sala donde hay una ducha, una bañera muy grande (casi minipiscina) y una zona con mármol, para tumbarse, donde Marc, se ofrece a hacernos un masaje. No esperéis lujos. No los hay. El olor a azufre es intenso y el agua muy caliente, pero la experiencia es realmente inigualable y salimos bien relajados de los baños.

Una vez hemos disfrutado de los baños sulfúricos nos disponemos a subir a la Fortaleza de Narikala, pero eso, ya formará parte de un segundo relato sobre la ciudad de Tbilisi.

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6 comentarios en “TBILISI. Visitar la capital de Georgia. Primera Parte: de Rustaveli a Abanotubani.

  1. M’ha agradat molt Abanotubani, especialment l’edifici dels banys.
    I per cert, quina estirada que ha fet el nen…un viatger molt guapo!

    Una abraçada

    • Si, els banys d’Abanotubani son molt autèntics perquè son utilitzats per la gent del poble,encara ara; al igual que els que hi ha a Istambul a les barriades (no als de Cemberlites o Cagaloglu, on anem tots els turistes, es clar).

  2. ¡Hola! ¿donde contrataste el apartemento en Tibilisi? me gustaria quedarme en un apartamento por el niño, y además, yo tb llego a esa hora de la mañana; asi me aseguro que vienen a buscarnos…si me puedes dar el dato te lo agradezco…saludos!

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