BUR DUBAI y DEIRA. El antiguo Dubái también existe.

Bur Dubái y Deira, los dos barrios que se extienden a ambos lados del Creek, la ría natural que penetra diez kilómetros dentro de Dubái, suponen el Dubái más antiguo, el más ancestral y de hecho, el único Dubái que a existía hasta que llegó la fiebre del petróleo, a finales del siglo XX.

A fuerza de ver rascacielos imposibles y pistas de ski indoor dentro de alguno de los centros comerciales más extraordinarios del mundo, se puede pensar que antes de todo esto existiese, en Dubái no había absolutamente nada. Y la verdad es que aunque mucho no había, una vuelta por los barrios de Bur Dubái y Deira nos harán ver que sí hay un viejo Dubái, que este está más vivo que nunca, y que vale la pena visitarlo. Es por ello, que después de haber visitado los mejores mall de la ciudad o de haber admirado el Burj Dubái, el rascacielos más grande del mundo, nos dirigimos a Bur Dubái.

PASEO POR BUR DUBÁI

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Tomamos el metro y bajamos en la estación de metro de Al Fahidi. Desde allí, sólo hay que preguntar cuál es la dirección que lleva al Creek. Hay que caminar menos de un kilómetro por Al Mankhool Road hasta llegar a la Glorieta Al Fahidi. Allí delante queda lo que se conoce como Bastakiah. Se trata de un precioso barrio de finales de siglo XIX y principios del siglo XX, donde encontramos lo más tradicional de la arquitectura emiratí. La mayoría de edificios que encontramos en este barrio son casas tradicionales que pertenecían a ricos mercaderes (muchos de ellos originarios del sur de Irán). Las viviendas tienen un patio interior, en torno al cual se disponen las diversas habitaciones de la vivienda. Se suele tratar de construcciones de dos pisos, realizadas a base de coral y yeso. En las esquinas, unas preciosas torres del viento, similares a las que hemos encontrado en Irán o Qatar, servían para ventilar la vivienda. Muchas de estas construcciones están ahora perfectamente restauradas y son la sede de restaurantes, hoteles boutiques o varios museos (muchos de ellos gratuitos) que permiten conocer cómo eran estas mansiones de principios de siglo XX.

Si el Dubái Creek con el Barrio de Bur Dubái ha sido propuesto por formado parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad, la zona de Bastakiah es una de las responsables. Vale la pena perderse por las estrechas callejuelas de Bastakiah y entrar a las edificaciones cuando sea posible.

Después de haber dado una vuelta por Bastakiah nos dirigimos hacia la zona donde se encuentra el Fuerte de Dubái o de Al Fahidi, que data del siglo XIX y que fue la sede del gobierno. Al lado, se encuentra el Museo de Dubái, que no visitamos. Y justo detrás, la Gran Mezquita, que desgraciadamente sólo se puede visitar por fuera, pues la entrada está vetada a los no musulmanes. Sin embargo, me hago el despistado y consigo entrar unos instantes dentro de la mezquita, para admirar su interior, aunque sea solo unos minutos, con sus arcos y columnas. Nadie me dice nada, la verdad. Y de hecho, puedo tirar algunas fotos sin problema. El cualquier caso, aunque puede parecer una mezquita antigua, sólo data de principios de siglo XX. Fuera, podemos admirar lo que es el más alto de los minaretes de Dubái.

Enseguida nos encaminamos hacia lo que aquí se conoce como Hindi Lane, un estrecho callejón lleno de parafernalia religiosa hindú, donde encontramos dos pequeños templos: el Shri Nsthje Jayate, un templo hindú, y el Sikh Gurudaba, un templo Sikh. No dudamos en entrar al templo Sikh, pues siempre somos recibidos con extrema hospitalidad (como en el de Delhi, el más bonito que hemos conocido). El Sikh Gurudaba es un pequeño templo que se encuentra en un piso. Curiosamente, cuando subimos están velando a un muerto, que está acostado sobre una especie de altar. Hay un sij que lo ventila (de hecho, asusta las moscas) y tres más que cantan de forma sincrónica una melancólica letanía. No nos ponen ningún impedimento al interrumpir el momento. Justo al contrario; de hecho, como siempre, somos bienvenidos. Con todo, estamos unos pocos minutos y enseguida dejamos que sigan con la vela sin nuestra presencia.

Bastakiah en Bur Dubai
Bastakiah en Bur Dubai

Fuerte de Dubai

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Templo Sij de Bur Dubai

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En pocos metros encontramos el Zoco de Bur Dubái, que es la reminiscencia del antiguo zoco de esta zona de Dubái. Se trata de un mercado reconstruido y cubierto, que no es más largo que un centenar de metros. La mayoría de productos están destinados al turista y de hecho, es el único lugar de todo Dubái, donde los comerciantes abordan los posibles compradores para intentar vender la mercancía. Eso sí, siempre con respeto. Al final del zoco torcemos a la izquierda y enseguida nos encontramos la Mezquita de Ali Bin Abi Talib, que nos recibe con sus cúpulas bulbosas, aunque tampoco podremos visitar su interior. Un pena. Justo enfrente hay un edificio que llama muchísimo la atención. Se trata de una construcción que se asemeja a las mezquitas de Irán, con el característico color turquesa de sus baldosas. La verdad es que no sabemos encontrar ni en el mapa ni en la guía, de que se trata.

Nos acercamos ahora a la orilla del Creek, para ir haciendo camino, siguiendo el paseo ribereño, hasta una construcción tradicional que se encuentra al final del camino. Se trata de la Casa del Jeque Saeed Al Maktoum. Actualmente, la casa del abuelo del jeque Mohammed, el jeque Saeed, se han convertido en un bonito museo que nos cuenta cómo era Dubái antes de la fiebre del petróleo. Se trata de la casa familiar del jeque Saeed, y donde vivió hasta su muerte, en 1956, por lo que nos sirve para conocer cómo era la residencia del mandatario de Dubái, antes del hallazgo del petróleo. La construcción es mucho mayor que las casas que hemos visto en Bastakiah, pero la disposición es similar. Dos pisos de habitaciones que se disponen alrededor de un patio central. Y dispuestas estratégicamente, varias torres del viento, para airear la vivienda.

Visitada la Casa del Jeque es hora de volver sobre nuestros propios pasos para acercarnos hasta la estación de arbras de Bur Dubái. Los arbras son las antiguas embarcaciones que desde tiempo inmemorial transportan los Dubáitís de lado a lado de Creek. Es decir, funcionan a modo de transbordadores que cruzan la ría, de forma continuada y que van saliendo a medida que se van llenando. Atravesar el Creek, cuesta sólo 1 AED, por lo que no dudo en subir al primer abra que sale en muy poco tiempo y que en poco más de cinco minutos me ha llevado a Deira, el barrio que queda en la otra orilla del Creek.

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Visitar Deira
Visitar Bur Dubai. Casa de Al Maktoum
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PASEO POR DEIRA

El abra me deja en pocos minutos en la estación de abras del antiguo de Deira. Antes de adentrarme por los bazares de Deira me acerco hasta el muelle de Dhows que se encuentra a pocos metros de donde me ha dejado el abra. Los dhows son unos extraordinarios veleros de madera que forman parte del paisaje del Creek desde hace casi doscientos años. Estos barcos dejan el Creek para llegar a Yemen o Somalia, bordeando la península arábiga, o hacen camino hacia Irán a través del Golfo Arábigo (o Pérsico). Los barcos van cargados de todo tipo de mercancías. Desde sacos de grano hasta televisores u otros electrodomésticos. La actividad es intensa en esta zona y la verdad es que llama la atención la gran cantidad de barcos cargando mercancía.

En toda esta zona de Deira no pararemos de ver grandes almacenes donde se exponen grandes sacos de legumbres, frutos secos y arroz. Se trata de mercaderes que negocian con esta materia prima, y que utilizan los dhows que vemos en el muelle para exportar su mercancía. Realmente interesante, para un país donde a menudo suponemos que todo el mundo vive exclusivamente del petróleo.

Enseguida me adentro hacia lo que se conoce como Zoco de las especies. No esperéis aquí un gran bazar como el de Estambul o el de El Cairo. El zoco de las especies es pequeño, pero acogedor, y está encarado básicamente al consumidor local, no como los grandes bazares de Estambul donde las tiendas para los turistas han ido aparcando las que se dedicaban al comercio de proximidad. En el zoco de las especies encontramos especies, desde luego, pero también otros tipos de mercancía. En pocos minutos está visto, esta es la verdad, pero como hay muchos menos turistas y mirar las tiendecitas no es tan pesado como en el zoco de Bur Dubái. Aquí nadie nos aborda.

Saliendo del zoco de las especies torcemos por Al Hadd y después por Al Ahmadiya para llegar a la Heritage House, una de las casas más bonitas de la zona y que nos recuerda a las que hemos visto en Bur Dubái. Se trata de una casa de finales del siglo XIX que ha sido perfectamente restaurada con la idea de mantener una parte de ese patrimonio que los Dubáitís se resisten a perder. Esta era la residencia de un mercader de perlas y la verdad es que impresiona por su tamaño y por su elegancia. Como las casas que hemos visitado en Bur Dubái, esta también está construida a base de yeso y coral y está distribuida en dos pisos, alrededor de un patio central. La visita es gratuita y además muy amena, con muchos paneles explicativos y sobre todo, con una serie de maniquíes que se encuentran en las diversas habitaciones. Las habitaciones están decoradas según los modelos originales, de manera que pretenden hacer entender cómo era la vida de una familia acomodada de principios del siglo XX. Hay muchas habitaciones decoradas, entre ellas los salones de estar, las cocinas, el cuarto de juegos de los niños (donde se explica algunos de los juegos típicos de los niños Dubáitís) o las alcobas y los baños. Terminada la visita, el conserje de la entrada nos invita a un delicioso té a la menta, mientras descansamos en un sofá. Nos viene ideal para seguir con nuestra visita.

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Sólo hay que caminar unos metros para encontrarnos con otra visita indispensable en Deira: la escuela Al Ahmadiya. Fue ésta la primera escuela que se fundó en Dubái con la idea de ofrecer unos estudios más o menos reglados. Aquí se enseñaba no sólo el Corán, sino también gramática, historia, literatura o astronomía. Para que los estudios fueran lo más reglados posible se incidió en la edición de manuales y libros que eran ofrecidos a los estudiantes.

Tanto las familias acomodadas como los más pobres podían asistir a las clases gracias a que los jeques financiaban a los que no podían permitirse pagar los estudios. Fue el Jeque Mohammed bin Ahmed bin Dalmouk hijo del jeque Ahmed bin Dalmouk quien fundó la escuela, el cual en 1910 había comprado la elegante casa señorial del lado (la que ahora es la Heritage House) a su primer propietario. Como todos  los edificios históricos que hemos ido viendo, esta escuela también estaba construida en yeso y coral y en dos pisos que se distribuyen alrededor de un patio central. Podemos visitar de forma gratuita las diversas estancias de la escuela, donde a través de varios paneles explicativos, fotografías y maniquíes, se nos cuenta la evolución de la escuela. En un principio la educación era llevada a cabo en pequeños grupos de alumnos que se distribuían alrededor de su maestro (conocido como Al Mutawa), y se basaba en la lectura y estudio del Corán, la escritura, la aritmética y la caligrafía árabe. Posteriormente se pasó a grupos más grandes que ya se distribuían en clases que pueden recordar a las que había en occidente. Los fundadores de la escuela apostaron muy fuerte por la enseñanza en Dubái y no dudaron en importar profesores, particularmente de Arabia Saudita, para mejorar la educación de los locales.

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Vuelvo a la calle Al Alhadiya, y me encuentro un restaurante que hace muy buena pinta. Pregunto precios y como que está dentro de mi presupuesto y hace rato que tengo hambre, no me lo pienso. Se trata del Al Bait Al Qadeer que se encuentra en una edificación tradicional que recuerda también a las del barrio de Bastakiah, es decir, un patio central que distribuye los dos pisos de habitaciones. En el patio han puesto unos parasoles, para resguardarse del sol, que al mediodía, pica bastante, aunque estamos en diciembre. En las habitaciones de la planta baja hay unos comedores particulares para familias. Aun ahora, es habitual que las mujeres de los duibaitís vayan tapadas de arriba abajo, de modo que en estos espacios privados es posible que se puedan destapar un poco. Todo esto son suposiciones mías, en cualquier caso. Como de fábula un arroz con pollo y especias diversas y cuando termino, sigo la ruta por Deira.

El camino me lleva después hacia buscar el Zoco del oro, que comienza en un arco que encontramos en la cercana calle Old Baladiya. Aunque el zoco del oro no es gigantesco, es lo suficientemente grande para que nos sorprendamos con la gran cantidad de tiendas dedicadas a la venta de todo tipo de artículos de oro, pero también de brillantes diversos. En principio, parece un zoco dedicado a los emiratís, pues es evidente que los estridentes collares que encontramos en las tiendas no los compraría (casi) ningún occidental. Lo cierto es que casi todo el mundo que mira los escaparates son occidentales con pinta más de turistas que de expatriados. Uno se sorprende de que alguien pueda comprar (y posteriormente, ponerse encima) tal cantidad de oro en forma de pulseras, collares o diadema. Pero lo cierto es que si una detrás de la otra, las joyerías se amontonan en este barrio, es porque tienen demanda. Como anécdota, en una de las primeras tiendas que encontramos al inicio del zoco se encuentra expuesta el anillo de oro más grande del mundo, que pesa 64 kilos y que es una muestra más de la desmesura que podemos encontrar en Dubái . Por cierto, no contentos con tanto oro, el anillo, que sale en el libro Guiness de los records, está decorado también con más de cinco kilos de piedras preciosas.

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A partir del zoco del oro, el barrio de Deira se abre en una serie de calles comerciales para la gente local. Encontramos zocos que ellos llaman de los perfumes (muy pequeño), el zoco cubierto de Deira (que no es cubierto) y el zoco de Naif, que es el último que encontramos y que aunque es bastante moderno (1970) tiene el su encanto. Se trata de un mercado cubierto que nos recuerda al Mercado Central de Kuala Lumpur, dispuesto en tres plantas y con las tiendas perfectamente ordenadas. Aquí, a diferencia de los grandes malls del nuevo Dubái no encontramos ningún occidental y son las familias emiratís quienes pasean y compran.

Salimos del Zoco Naif y giramos por la calle 9A pasando por delante de la hermosa nueva Central de Policía de Deira, pero lo que más nos gusta es una mezquita que hay justo en frente, nueva y reluciente, y que recuerda algunas de las mezquitas de Estambul, con sus dos esbeltos minaretes y sus estéticas cúpulas. Como no podemos entrar hay que conformarse en hacer unas fotos desde el exterior.

El recorrido por Deira termina en la estación de metro de Baniyas Square. Después de tres o cuatro horas conocen el viejo Dubái, la conclusión es que existe otro Dubái más allá de los grandes rascacielos y centros comerciales del nuevo Dubái y que vale la pena no perdérselo, para no llevarse una imagen distorsionada, o al menos sesgada, de la que es la realidad de este emirato.

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12 comentarios en “BUR DUBAI y DEIRA. El antiguo Dubái también existe.

  1. Pues casi que gusta más que los típicos rascacielos de siempre. Los bazares impresionantes. Gracias por descubrirnos algo más de Dubai ;-)

  2. No se ve bien Jordi Martinez Baylach, deja sólo el menú fixed, el header q pase porque se come espacio para ver las fotos y leer el artículo

  3. El Viejo centro esta siempre en mi lista cuando visito una ciudad :D

    • Gracias Cristina! Vale la pena poder combinar el Nuevo con el Viejo Dubái, que también tiene mucho interés.

  4. Y porqué escribes en catalán?!!? És broma no t’enfadis, una abraçada des de Dubài, en quan sàpiga com anar o no em perdi en contxe hi aniré.

    Salut!!

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