ODESA, UCRANIA. En busca de las escaleras Potemkin.

Un tren nocturno nos ha llevado de la capital de Ucrania, Kiev, hasta Odesa, la tercera ciudad más grande del país que a la vez tiene, uno de los puertos más importantes del mundo. De Odesa sabemos que tiene un bonito centro histórico, pues llegó a ser, a principios del siglo XX, la cuarta ciudad más importante del Imperio Ruso. Pero además, tenemos ganas de conocer las míticas escaleras Potemkin, que fueron el escenario elegido para una de las escenas más célebres de la historia del cine: la de la masacre de miles de civiles por órdenes de las tropas zaristas, mientras intentaban escapar, escaleras abajo en la película de Sergei Eisenstein, “El acorazado Potemkin”.

Llegamos a la estación, de buena mañana. El sistema de reservas de la empresa estatal de ferrocarriles ucranianos permite la compra on line, por lo que antes del viaje nos habíamos asegurado tener litera en un compartimento de segunda clase, del tren nocturno que salía de Kiev, la preciosa capital de Ucrania, a las 10 de la noche y que ha llegado a Odesa a las 7 de la mañana.

Hemos dormido más o menos bien (Isa, que compartía litera con Marc, algo peor) y el tren, puntual, llega a la hora prevista en la estación de Odesa. Desayunamos cerca de la estación y tomamos un tranvía para subir por la calle Preobrazhens’ka, que nos acerca un poco al hostel, que tenemos cerca de la Plaza Soborna, donde está la Catedral de la Transfiguración.

Cuando llegamos no son ni las 8 de la mañana, pero como nuestra habitación está libre, nos la dan. Dejamos el equipaje y nos disponemos a recorrer y conocer la ciudad. Haremos un recorrido de unos tres kilómetros que nos llevará hasta el Palacio Vorontsov, más allá de las famosas escaleras.

 

CATEDRAL DE LA TRANSFIGURACIÓN.

Se encuentra a menos de 3 minutos a pie de nuestro hostel y es lo primero que visitamos. Es este un edificio imponente, que fue empezado a construir en 1795 y se consagró en 1808. La que vemos, sin embargo, no es la iglesia original, pues en tiempos soviéticos, la Catedral fue derribada, y no fue hasta en 2005 cuando el nuevo edificio se levantó. Es pues una de las iglesias más modernas que veremos en el país. Según leemos, el actual edificio es una copia del primitivo templo, gracias a que se conservaban fotografías y planos de la primera catedral.

Entramos, pero a la segunda fotografía, nos dicen que no la podemos retratar. Además, no nos lo dicen con buenas palabras precisamente. Parece que la iglesia está preparada para alguna celebración. Quizás para alguna boda. Dentro, destaca el mármol y el color blanco inmaculado.

Por la tarde, de vuelta, descubriremos que el parque que queda justo en frente de la catedral es de lo más animado. Destacan un montón de ancianos que juegan al ajedrez (y varias veces nos invitan a jugar con ellos) y un curioso mercado donde encontraremos tan artículos de recuerdo, como artesanía diversa y baratijas de la época soviética.

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CALLE DERIVASOVSKAYA Y PASSAGE.

Unos metros más allá comienza la que probablemente sea la calle principal de la ciudad, Derivasovskaya. Justo al comienzo, encontramos el Passage, que hace esquina entre Deribasovskaya y Preobrazhenski. Se trata de unas preciosas galerías cubiertas, que datan de finales del siglo XIX y que son una auténtica delicia. En la planta baja se situaron, enseguida, las tiendas más prestigiosas de la ciudad, mientras que la planta superior, fue reservada a hotel, que en aquel momento, fue el más extraordinario de los hoteles que se habían edificado en la ciudad. Los estucos dominan el edificio, entre ellos, los de varios atlantes. Se puede entrar por Preobrazhenski y salir por Deribasovskaya.

Una vez salimos por Deribasovskaya, tiramos calle abajo. Ya desde el principio, una vez pasamos por el pequeño Jardín del City Garden, vemos que esta es una avenida realmente muy señorial. La mayoría de edificios, decimonónicos, están bien restaurados, y la avenida no desentonaría en Viena, por ejemplo. Curiosamente, el nombre de la avenida hace referencia a José de Ribas y Boyons, un almirante ruso pero con raíces catalanas, que fue uno de los artífices de la fundación de la ciudad y que fue su primer alcalde. La calle Deribasovskaya es exclusivo para peatones, de manera que podemos ir disfrutando a derecha e izquierda, de los diversos edificios que hay. También nos damos cuenta que hay un buen número de restaurantes. Por la tarde, cuando volveremos hacia el hostel, disfrutaremos de un concierto gratuito que se ofrece desde la glorieta del Ciy Garden, que hay en lo alto de la calle. Por cierto, en el parque hay una silla solitaria de bronce, donde siempre hay cola para hacerse una foto con ella. Hace referencia al cuento “Las doce sillas” de Ilf y Petrov, dos escritores que vivieron y murieron en Odesa, por lo que son muy queridos aquí.

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OPERA DE ODESA.

Al llegar casi al final de la calle Deribasovskaya es necesario torcer a la izquierda para encontrarnos con uno de los edificios más imponentes de Odesa: la ópera. Probablemente, la de Odesa, junto con la de Dresde, son los dos teatros de la ópera más bonitos que hemos visto nunca.

Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, venidos de Austria, fueron los arquitectos responsables del diseño, que quería competir con los más grandes teatros del mundo. El proyecto es de 1887 y está construido en estilo neo-barroco; y a fe que consiguieron situar Odesa en el mapa operístico europeo.

Por desgracia, viajar en agosto tiene algunos inconvenientes. Y uno de ellos es que en este mes, la Ópera no programa ningún espectáculo, por lo que nos iremos de Odesa sin poder disfrutar de ella. Una auténtica pena, por lo que hay que conformarse con disfrutar del edificio desde fuera y también del vestíbulo, que decorado en estilo Luis XVI no desmerecería si estuviera situado en el mismo Versalles.

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DE LA ÓPERA HASTA LAS ESCALERAS POTEMKIN POR EL BULEVAR PRIMORSKY.

El centro histórico de Odesa es compacto y esto nos permite seguir andando hasta las míticas escaleras Potemkin. Pero antes pasaremos por delante del Museo Arqueológico, que está justo en la plaza del Teatro de la Ópera. Un jardinero está arreglando un pequeño parterre que hay delante del museo, y enseguida regala una rosa a Marc, que satisfecho, la regala a la vez, a su madre.

No entraremos en el edificio del arqueológico, que es de pago. Nos limitamos a hacernos unas fotos delante del edifico, justo donde hay una copia de la famosa estatua griega del Lacoonte. Su original, la vimos en los museos vaticanos.

Del arqueológico, en la plaza Dumska, que es el inicio del bulevar Primorsky no hay ni cincuenta metros. Allí encontramos la antigua Bolsa, que actualmente es el Ayuntamiento de Odesa. Otro edificio impecablemente restaurado y construido en estilo neoclásico. El blanco impecable del edificio con su columnata corintia domina la cabecera de todo el bulevar. Antiguamente, en época zarista, este edificio fue la sede de la bolsa de valores. Pero esta cambió de edificio a finales del siglo XIX y desde 1899 es la sede del ayuntamiento de la ciudad. A derecha e izquierda de la columnata encontramos las estatuas de Ceres y Mercurio, dioses de la agricultura y del comercio, respectivamente. Delante del ayuntamiento, encontramos una de las esculturas más queridas de la ciudad, la del escritor Aleksandr Pushkin.

Caminamos unos doscientos metros hasta llegar hasta la estatua del Duque Richelieu, que fue alcalde, gobernador y benefactor de la ciudad. La estatua, está en medio del bulevar Primorsky y justo en lo alto de las escaleras Potemkin.

Las escaleras Potemkin, son para nosotros (y de hecho, para mucha gente que visita la ciudad) el punto más mítico de Odesa. Aunque la gente piensa que las escaleras toman el nombre de la película de Eisenstein, hay que decir que el nombre de las escaleras es anterior al del film. Potemkin fue uno de los fundadores de la ciudad y a él está dedicada la escalinata que lleva desde el bulevar Primorsky hasta el puerto. Hasta 192 peldaños recorren los 142 metros de escalera, hay que decir que los escalones no son continuados desde arriba hasta abajo. Cada cierto número de escalones hay un pequeño descanso. Pero el efecto óptico hace que desde arriba sólo se vean los descansos y desde abajo, sólo los peldaños.

En esta zona encontramos un montón de vendedores de camisetas de marinero. Odesa era un importante puerto marinero y parece que los sombreros de marinero y las camisetas son el souvenir estrella de la ciudad. Y aunque los hemos encontrado en muchos rincones, está claro que las escaleras Potemkin son el punto más turístico de la ciudad, pues los vendedores se multiplican.

También encontramos, a media escalera, varios domadores de halcones, por si alguien se quiere fotografiar con ellos. Previo pago, claro.

Subimos y bajamos las escaleras a pie, aunque un funicular permite ahorrarse el esfuerzo. Y disfrutamos de verdad de uno de los escenarios más míticos de la historia del cine. Por cierto, la escena de la escalera no pasó nunca en la realidad. Aunque es verdad que a principios de siglo XX hubieron una serie de revoluciones obreras en la ciudad, las tropas zaristas no habrían masacrado a la población civil. La película y la propaganda soviética hicieron que las imágenes de la película acabaran convirtiéndose casi en un documental realista.

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PLAZA DE CATALINA II Y PALACIO VORONTSOV

Una vez que hemos disfrutado de las escaleras, tiramos hacia la plaza de Catalina II, que se encuentra a unos 50 metros. En medio hay una estatua de la Catalina II, auténtica emperatriz de Rusia y una de las personas más poderosas del mundo en su época. Aquí y allá, vamos viendo monumentos que hacen referencia a Odesa como una de las ciudades importantes del imperio ruso. Esto se diferencia bastante de lo que hemos visto en Kiev y de lo que veremos al cabo de unos días en Lviv. En efecto, la población de origen ruso y aún ahora, rusófona es mayoría en esta ciudad, aunque la proporción no es tan exagerada como en la península de Crimea o en el este de Ucrania.

En el monumento que domina la parte central, no encontramos sólo a Catalina II, sino que ésta está acompañada, a sus pies, por cuatro de los fundadores de la ciudad, Ribas, dе Volan, Potemkin y Zubov. El arquitecto, Dmitrenko y el escultor Popov fueron los diseñadores de la obra, que en tiempos soviéticos fue desmantelada. La restauración, es de 2007, dato que avala la fuerte presencia rusa en la zona. Los edificios que rodean a Catalina II hacen que el monumento luzca aún más.

Volvemos sobre nuestros pasos y seguimos por el bulevar Primorsky hasta llegar al Palacio Vorontsov, del siglo XIX y que es conocido por la elegante columnata que hay delante. En este edificio tuvo su residencia el gobernador de la región de Nueva Rusia en uno de los momentos de máximo esplendor de Odesa, los del príncipe Vorontsov. El estilo neoclásico domina la mansión, que no podemos visitar, por lo que nos limitamos a verlo desde fuera y disfrutar de la columnata-belvedere que hay delante. Debe de ser un lugar de reunión, porque mucha gente parece estar, sencillamente haciendo tiempo.

Antes de buscar algún lugar para comer (y no será difícil), aun nos acercamos al Puente Tyoschin, donde los enamorados dejan su candado, como en tantas ciudades del mundo hemos visto. El puente es conocido como “Puente de la Suegra”. Dicen que fue mandado construir por un oficial al que le gustaban mucho los dulces de su suegra, pero que tenía que dar demasiada vuelta para llegar su casa. Hizo construir el puente, para ahorrarse la caminata. Tanto los candados como el puente están un poco oxidados. Quizás, como muchas de las historias que llevaron a dejar un candado en el Puente Tyoschin.

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2 comentarios en “ODESA, UCRANIA. En busca de las escaleras Potemkin.

  1. Ucrania deu ser un país impressionant i així ho demostren les teves fotos. A veure si es soluciona la situació política d’una vegada per totes i poden viure en pau. Espero poder-hi anar algun dia.

    Bon diumenge!

    • I tant! És un pais que val molt la pena. Una llàstima que no ens va donar temps a visitar Crimea. Fixa’t, un any y després ha canviat de páis i ara serà necessari el visat.

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