MÓNACO. Visita de un día al lujo y la desmesura.

Visitar Mónaco era uno de los objetivos de nuestro viaje a la Costa Azul francesa. Un país, el monegasco, que fue conquistado por la familia Grimaldi el 1297, y que aún no habíamos tenido la oportunidad de conocer.

Esta familia ha sabido mantener la soberanía nacional durante más de siete siglos de forma consecutiva, a menudo gracias a las diversas alianzas internacionales. De hecho, sólo entre 1794 y 1814, el principado fue anexionado a Francia, pero gracias al tratado de París de 1814, Mónaco volvió a ser un estado soberano. Y desde entonces, hasta ahora, con el Príncipe Alberto, los Grimaldi siguen siendo hegemónicos en este pequeñísimo estado, de hecho el segundo más pequeño de Europa, después del Vaticano.

IMG_1251Que visitar en Mónaco en un día

Visitar Mónaco supone conocer de primera mano el lujo, el glamour y la desmesura. Es difícil ver tantos coches de lujo en Europa como los que se ven aquí. Y a pesar de no ser nuestro modelo preferido de país y de visita turística, es evidente, que tiene suficientemente atractivos como para hayamos decidido conocer de primera mano el principado.

Para llegar a Mónaco en transporte público hemos tomado uno desde múltiples buses de Ligne Azul que en poco menos de una hora nos deja en la Place d’Armes del Principado.

Se trata de una coqueta plaza porticada donde destaca, en su corazón, un mercado de frutas y verduras. Se trata del Marche de la Condamine. Nos acercamos y comprobamos que las precios de las frutas, son bastante más altos que encontramos en nuestro país. Frutas y verduras posan lustrosas y muy bien dispuestas. Bajo los soportales, encontramos algunos supermercados y cafeterías. El mercado tiene también una parte cubierta. Entramos y aparte de varias charcuterías y queserías, hay algunos lugares para comer. Tiene muy buen aspecto, pero es de buena mañana, de manera que no tomamos nada y seguimos con nuestra ruta.

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Lo primero que queremos hacer es visitar el Palacio de los Príncipes de Mónaco. Para llegar, se puede subir por la Avenida de la Puerta Nueva, o mejor, subir la Rampe de La Mayor, que nos lleva en pocos más de cinco minutos, hasta la plaza que hay delante del Palacio. Hay que decir, que la rampa es relativamente empinada, por lo que cada ciertos metros, tenemos que hacer un descanso, a fin de que nuestro padre, que nos acompaña en el viaje, descanse unos segundos. De paso, podemos empezar a disfrutar de algunas de las preciosas vistas del puerto que se tienen desde esta parte de Mónaco.

La Plaza del Palacio es amplia. Hay varios miradores, a ambos lados. De modo que como la plaza queda en una situación elevada respecto a la zona más costera, las vistas son preciosas. Las más bonitas, claro, las que dan al Puerto Hercule, con sus numerosas y lujosas embarcaciones. Al fondo, podemos ver, por primera vez, el Casino de Montecarlo, uno de los iconos del principado.

Nos acercamos hasta la puerta de Palacio y decidimos hacer la visita. Después de pagar la entrada (8 euros), nos dan una audioguía y nos informan que, desgraciadamente, no podremos hacer fotos en el interior.

El Palacio de los Príncipes o Palacio Grimaldi fue fundado a finales del siglo XII como fortaleza genovesa, pero desde que la familia Grimaldi se hizo con el control del enclave en 1297, el Palacio pasó a ser la sede de esta familia. Estamos hablando de 1297, que es cuando Francisco Grimaldi se hizo con Mónaco. Desde entonces, la familia Grimaldi ha sido quien ha mantenido el control de Mónaco, por lo que es una de las dinastías más longevas de la historia de Europa. Además, a diferencia de otras casas reales europeas, los Grimaldi siempre han ostentado el poder desde este mismo palacio, pues dada la escasez de suelo edificable en Mónaco, prefirieron siempre, restaurar y ampliar las dependencias del Palacio de los Príncipes, en lugar de construir uno nuevo.

La visita al Palacio de los Príncipes se completa en poco más de media hora. A lo largo de este tiempo, se pasa por una quincena de estancias, algunas más y otras menos decoradas. Por supuesto, lo tiene la suntuosidad del Palacio de Versalles o del de Schombrunn en Viena, pero la verdad es que varias de las habitaciones por las que pasas, incluida la del trono, valen la entrada pagada. Desde luego, aunque se pueda visitar Mónaco sin visitar el Palacio de los Príncipes, creo que esta debería ser una de las visitas estrellas en un Viaje a Mónaco. La entrada al Palacio de los Príncipes cuesta 8 euros. Sin embargo existe una entrada combinada con el Museo Oceanográfico, que cuesta 19 euros. Nosotros no visitamos el museo.

Visitado el Palacio de los Príncipes de Mónaco, hacemos tiempo en la zona alta de la ciudad, hasta las 12 del mediodía (11:55) que es cuando se celebra la ceremonia diaria del cambio de la guardia, justo delante del Palacio.

Mónaco

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Nos acercamos hasta la Catedral, que queda justo al lado del Palacio de Justicia, del que sólo podemos disfrutar de su bonita fachada, pues su interior no está permitido al público en general.

La Catedral de Mónaco está dedicada a San Nicolás. Se trata de un bonito y lustroso templo neorrománico del siglo XIX. La entrada es gratuita y como está abierto, no nos lo pensamos y entramos. En las capillas laterales encontramos reliquias de varios santos, pero lo más bonito es el mosaico que queda justo encima del coro. Pasamos por la girola, donde nos sorprenden un montón de cuadros del Santo Padre Juan Pablo II. Pero lo más importante que hay en la girola es el Panteón de los Príncipes de Mónaco. Entre las tumbas, distinguimos las de Rainiero y su esposa, Grace, que murió víctima de un accidente de tráfico en 1982 y que, con su exultante belleza, dio glamour al principado.

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También nos acercamos a la pequeña Capilla de la Misericordia. Se trata de un sencillo templo de una nave, que data del 1639. Observamos la hermosa talla del Cristo Muerto, de madera y obra de un artista monegasco: Francois-Joseph Bosio. Visitada la capilla nos perdemos por la serie de callejuelas que por esta zona se encuentran. La mayoría son estrechas callejuelas que se abren a hermosas plazoletas. La mayoría de las calles están llenas de restaurantes y de tiendas de souvenirs. A menudo nos cruzamos con grupitos de turistas comandados por una guía que, paraguas en alto, les hace el recorrido. Por lo que vemos, la mayoría son grupos de cruceristas, que suelen hacer parada Villefranche-Sur-Mer, que está a medio camino entre Niza y Mónaco.

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Cuando volvemos a la Plaza del Palacio, justo antes de las 11.55, dispuestos a disfrutar del Cambio de Guardia, nos informan de que hoy, precisamente, no habrá. Al parecer, es el Día Internacional del Alzheimer y los voluntarios han tomado la plaza para enviar al cielo, miles de globos. Cabizbajos, nos volvemos, esta vez en dirección ya en la zona baja de Mónaco. En lugar de bajar por la Rampe, esta vez pasamos por la Avenue de la Porte Neuve.

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Aunque no es muy tarde, es sabido, que en Francia (y en Mónaco) la gente come temprano. Además, nos hemos levantado de buena mañana y ya tenemos hambre, por lo que escogemos uno de los muchos restaurantes que hay en la calle peatonal Rue de la Princesse Caroline. Quizás sea porque las expectativas de precios eran muy altas, pero la verdad es que hay varios restaurantes con precios asequibles, aunque no baratos. Como siempre, en esta zona, lo que los franceses llaman Fórmula, suele incluir un solo plato. Y de paso, te clavan con la coca-cola, que nos la hacen pagar a cinco euros. Pero la verdad es que he disfrutado de mi plato de mejillones, al mismo tiempo, que hemos podido reposar un rato, para seguir nuestro recorrido.

Después de comer seguimos dirección al Puerto Hercule, sin duda uno de los puertos deportivos del mundo con más lujo. Enormes embarcaciones de decenas de metros de eslora se suceden una detrás de la otra. Vamos paseando por el Boulevard de Albert I y después, en lugar de seguir por el Quai des EtatsUnis que sigue rodeando el puerto, subimos por la Avenue de Ostende, que sube hacia la plaza del Casino. Esta avenida hace subida, por lo que nos podemos ir parando en los diversos miradores desde donde las vistas panorámicas del puerto, y esta vez de la zona alta de Mónaco, donde está el Palacio, son espléndidas.

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Finalmente, llegamos a la Plaza del Casino de Montecarlo, donde ahora sí, el lujo se desborda de manera definitiva. El casino llama la atención con la ópera diseñada por Charles Garnier, el mismo que diseñó la famosa ópera parisina que lleva su nombre. La entrada a la ópera se realiza por un lateral del edificio del casino.

Cuando llegamos a la puerta principal del Casino, no podemos si no fijarnos en la gran cantidad de coches de lujo. Dominan los Ferrari y Bentley, aunque también encontramos algún Rolls Royce. Casi todos los cocheros tienen su conductor esperando a que el dueño, a buen seguro, se gaste su dinero en el casino.

Como curiosidad, comentar que el Casino de Montecarlo, que data de 1858 y es de una empresa pública controlada por el gobierno, tiene prohibida la entrada a los ciudadanos de Mónaco. No entramos en el Casino, aunque según parece, la entrada está permitida a todo el que sea mayor de edad y que vista correctamente.

En la Plaza del Casino, hay un segundo edificio que llama la atención: es el lujoso Hotel de París, sin duda, el más glamuroso del principado y uno de los más caros del mundo. No nos lo pensamos y entramos. Nadie nos pone impedimento para disfrutar del extraordinario hall y los increíbles comedores, que parecen sacados del mismo Versalles.

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Damos una buena vuelta por la zona, y también por el precioso jardín que queda entre el Café de París (que no tiene nada que ver con el hotel) y la oficina de turismo. Y antes de irnos de Mónaco, nos acercamos hasta la Curva de Loews, la más famosa del mundial de Fórmula 1. Una curva muy cerrada y que se encuentra a menos de 100 metros del casino. Visitar la curva de Loews es una especie de rito para cualquier aficionado a la Fórmula 1 que se acerque a Mónaco.

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Una vez dado por visitado Mónaco, nos disponemos a volver a tomar los servicios públicos de Ligne Azul, que permiten recorrer toda la Costa Azul. No es necesario volver a la Place d’Armes. Esta vez, tomamos el bus justo en frente de la Oficina de Turismo, que se encuentra en el Boulevard des Moulins, al otro lado del Casino, una vez pasados ​​sus jardines. En lugar de volver hacia Niza, tomamos dirección Mentón, para disfrutar allí del resto de la tarde.

 

COMO LLEGAR A MÓNACO. COMO IR DE NIZA A MONACO.

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De Niza a Mónaco se puede ir en transporte público o en coche. Los autobuses de Ligne Azul que salen del puerto de Niza tardan aproximadamente una hora en hacer el recorrido hasta la Place de Armas de Mónaco. Van recorriendo la costa y paran un montón de veces. Más allá de Place de Armas, el bus llega hasta el Casino de Montecarlo y de hecho, sigue hasta Mentón. El precio es de 1.5 euros. En este post sobre la Costa Azul, hablamos de los transportes públicos que tomamos durante el viaje por esta zona.

Hay otros autobuses que son un poco más rápidos y van por la autopista. Cuestan 4 euros. Si no sois de marearos mucho, vale la pena tomar el que pasa por la costa, que a pesar de ser un poco más lento, disfruta de unas preciosas vistas durante todo el recorrido.

Ir de Niza a Mónaco en tren también es posible y el trayecto es más rápido, pues no llega ni a la media hora. La tarifa es de 3.80 euros en 2014.

También se puede ir de Niza a Mónaco en coche. El problema, claro, será aparcar el coche, pues no es nada fácil ni barato hacerlo en el centro de Montecarlo.

En definitiva, marchamos contentos de tras nuestra visita a Mónaco, un pequeño país que no conocíamos y que dado su pequeño tamaño, se puede visitar en un día.

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11 comentarios en “MÓNACO. Visita de un día al lujo y la desmesura.

  1. Fer sortides amb els pares és de les coses que m’omplen més. Està clar que el ritme no és el mateix però valmolt la pena. El passat cap de setmana també vam fer una escapada familiar per celebrar els 80 de la meva mare i ens ho vam passar estupendament bé.

    Una abraçada

    • Es veritat M.Teresa. En els darrers 5 anys he pogut fer petites escapades a Roma, París, Londres o aquesta a la Costa Blava, amb el meu pare, que ara ja en té 85 i tenia ganes de conèixer una mica més de món. I ha estat un plaer. A un altre ritme, es clar, però la veritat és que encara tira, per sort!

    • Sí! Es una suerte poder hacer aun alguna escapada con mi padre. Seguro que tu también podrás. Un abrazo Vero!

  2. Que bien que pudiste ver tantas cosas en un día… el casino, lastima que no entraron… es tan bonito por dentro :) yo entre y no solo eso… ademas perdí dinero XD hahaha (unos euros, solo por decir que jugué)

    • Si, sin prisa, a ritmo de mi papá, pero sin pausa. El casino deberá esperar!!! Debías ser como Sharo Stone en Casino!

  3. Hola, me ha gustado mucho lo que has publicado de Mónaco. Me ha servido de mucha ayuda para organizar mi vista al principado. Tambien tengo un blog de viaje y agradezco la informacion que has publicado. Que bonito que hayas hecho este viaje con tu papa.
    Saludos

    • Muchas gracias Reinaldo. Me alegro que te hayas pasado por aquí a comentar y celebro de que te haya interesado la entrada. Un abrazo!

    • Muchas gracias por tu aporte Noelia. Yo también pienso que vale la pena conocerla. Con sus pros y sus contras!

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