ESTAMBUL. SANTA SOFIA Y LA MEZQUITA AZUL. Dos caras de la misma moneda.

Estambul es para mí, la ciudad más bonita de Europa. Probablemente no pueda competir con París o Londres en muchos aspectos, pero sólo Roma se le acerca en historia, monumentalidad y encanto. Para gustos, los colores, claro.

Y es curioso, porque cuando uno piensa en las plazas más bonitas de Europa, le vienen a la cabeza plazas tan extraordinarias como las de Praga, Cracovia o Venecia, pero probablemente ninguna de ellas iguala en monumentalidad a la Plaza Sultanahmet de Estambul, que cuenta con dos de los edificios religiosos más extraordinarios que jamás se hayan edificado: la mezquita de Sultanahmet y la Basílica de Santa Sofía.

BASÍLICA DE SANTA SOFIA

La Basílica de Santa Sofía se construyó hacia el año 360, pero el actual edificio, el tercero en esta situación, fecha del 532 y fue construido por orden del emperador bizantino Justiniano I. Es obra conjunta de dos de los más grandes genios de la antigüedad: Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto. Para entender la grandiosidad y monumentalidad de la obra, puede bastar con un dato: fue durante casi mil años, el templo más grande de la Cristiandad. En efecto, hasta que en 1520 se completó la edificación de la catedral gótica de Sevilla, Santa Sofía fue el templo más grande del mundo.

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La Basílica, está dedicada a la Divina Sabiduría, y es famosa, entre otras cosas, por la enorme cúpula, una de las obras más extraordinarias que el hombre haya edificado. El edificio es prácticamente de planta cuadrada (77 x 71 metros), aunque desde el exterior, da la sensación de ser más rectangular. Sobre cuatro pechinas, se eleva la cúpula que tiene un diámetro de casi 32 metros y se eleva a una altura de 56.6 metros. A diferencia de muchas mezquitas posteriores, la cúpula se levanta directamente desde las conchas, sin utilizar el clásico tambor de unión. En los laterales de la cúpula principal, hay dos medias cúpulas que caen en cascada, siendo éste un patrón que se repetirá posteriormente, en las diversas mezquitas imperiales otomanas.

Podemos disfrutar también de una buena cantidad de preciosos mosaicos, aunque para nosotros, los mosaicos más bellos de Estambul se encuentran en la iglesia de San Salvador in Chora.

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Cuando los otomanos, comandados por el Sultán Mehmed conquistaron Constantinopla, la Basílica fue saqueada y sus ocupantes, esclavizados. A la llegada del Sultán, éste mandó que el templo fuera convertido en mezquita inmediatamente. Santa Sofía se convirtió enseguida en la mezquita imperial y con el paso del tiempo se elevaron los cuatro minaretes que vemos actualmente. Uno de los que contribuyó más en la reconstrucción del templo y en fortalecer la maltrecha estructura fue Mimar Sinan, el más grande de los arquitectos otomanos  con obras en todo el imperio, desde Estambul, a Damasco o Mostar). Sinan, remodeló la estructura, erigió los 2 minaretes mayores, construyó la lonja para el Sultán y también la türbe o mausoleo por Selim II. Mimar Sinan, está enterrado en una humilde tumba al lado de la mezquita Suleymaniye de Estambul, probablemente su obra más excelsa.

Después de la Primera Guerra Mundial, con la caída del Imperio Otomano y la subida al poder de Mustafa Kemal Ataturk, los nuevos aires de laicidad se apoderan del país, y la antigua Basílica, ahora mezquita se convierte en Museo de Santa Sofía, de manera que para visitarla, el turista no se escapa de pagar entrada.

http://www.ayasofyamuzesi.gov.tr/

 

MEZQUITA DE SULTANAHMET

En el otro lado de la plaza, frente Santa Sofía y separada por un pequeño parque con fuentes, donde los vendedores de Simit, libros y recuerdos intentan convencer al turista, hay una de las mezquitas más bonitas de Estambul: la mezquita de Sultanahmet, más conocida con la Mezquita Azul.

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Fue construida entre 1609 y 1617 por el arquitecto otomano Mehmet Aga, discípulo de Mimar Sinan, que utiliza las mezquitas imperiales que había construido su maestro como base (la Suleymaniye de Estambul y la Selimiye de Edirne son los puntos culminantes del arte de Sinan) para hacer los planos de la mezquita que se iba a edificar enfrente de Santa Sofía. De hecho, la mezquita Azul supone la culminación del estilo artístico que lleva desde las iglesias bizantinas hasta las mezquitas imperiales otomanas, de la que Sultanahmet sería el último exponente.

Curiosamente la entrada principal no da a la plaza de Sultanhamet, si no a la vecina plaza del hipódromo, que toma el nombre de un antiguo hipódromo que había en época bizantina. Desde fuera, la majestuosidad es difícilmente igualable a ningún edificio de Estambul. Las diversas cúpulas y medias cúpulas que caen en cascada, con su característico color grisáceo, enmarcadas por sus seis minaretes (la única de Estambul que tiene este honor) es una de las estampas más conocidas de la ciudad. De hecho, la construcción de los seis minaretes no fue exenta de polémica, pues igualaba en número de minaretes la mezquita de La Meca, la más sagrada del Islam, de tal forma que el Sultán tuvo que sufragar los costes de construcción de un séptimo minarete en la mezquita de Arabia Saudí para hacer frente a las críticas.

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Hay que frotarse los ojos cuando se traspasa la puerta de entrada al patio principal, que está enmarcado por una galería continua. En el centro del patio, que es tan grande como la propia mezquita, hay una fuente hexagonal para las abluciones.

Para entrar al templo, pasamos por una gran puerta, donde destacan los mukarna, las formas geométricas en forma de estalactita que cuelgan de la parte superior de la cúpula que hay sobre la puerta de entrada.

Una vez dentro, el espectáculo se multiplica. Cuatro grandes columnas se elevan para aguantar el sistema de cúpulas y medias cúpulas. La central, de 23.5 metros de diámetro, se levanta hasta los 43 metros de altura. El revestimiento de la mezquita es el que le ha dado nombre. Hasta 20.000 azulejos de cerámica de Iznik se colocaron en las diversas paredes y pilares. El tono azulado predominante hace que la mezquita sea conocida como Mezquita Azul. Al parecer, para adquirir las baldosas de cerámica se destinó un presupuesto concreto y cerrado, pero como son hechas a mano, se iban comprando a medida que los artesanos las iban haciendo. Esto hizo que el precio de la baldosa subiera con el tiempo y que las últimas que se adquirieron fueran de menor calidad que las primeras. Todo ello, a ojos del no experto se hace difícilmente visible, y lo cierto, es que hayan o no cambiado de color original, el espectáculo visual que supone la sala de oraciones de la mezquita azul es realmente impagable.

Dentro de la sala de oraciones encontramos todos los elementos tradicionales de las mezquitas, como en minhrab y el minbar (el púlpito donde se sitúa el imán para hacer el sermón de los viernes).

La mezquita Azul de Estambul es un templo vivo, abierto al culto actualmente. Por suerte, en las mezquitas de Turquía no hay ninguna restricción para la entrada a los no musulmanes, más allá de no hacerlo en los momentos de culto. Además, a diferencia de Santa Sofía, entrar en las mezquitas es gratuito. Eso sí, se agradece un donativo, a quien lo quiera ofrecer.

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BAÑOS DE ROXELANA Y BASÍLICA CISTERNA

La visita a zona de Sultanahmet no acaba aquí, a un lado de la plaza están los baños de Roxelana, un antiguo hammam mandado construir por Soliman I el Magnífico para su esposa. Es obra también de Mimar Sinan. Fue utilizado como baño hasta 1910, pero luego entró en desuso. Una primera restauración de 1957 lo convirtió en un bazar dedicado básicamente a la venta de alfombras, pero a partir de 2008, una segunda restauración le ha devuelto su uso inicial. Es decir, ahora vuelven a ser unos baños públicos, eso sí, un poco caros.

http://www.ayasofyahamami.com/

Y muy cerca de la plaza de Sultanahmet, hay uno de los edificios más singulares de Estambul, la Basílica Cisterna.

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Durante la época bizantina, fue habitual la construcción de cisternas subterráneas para almacenar el agua de la lluvia. Aunque había unas sesenta, actualmente hay muy pocas que se conserven en buen estado. La más espectacular, es sin duda, ésta, que está a cinco minutos de la Plaza Sultanahmet y que destaca (y por eso tiene el nombre de Basílica Cisterna) por la gran cantidad de columnas que la sostienen. En efecto, el bosque de 336 columnas de unos nueve metros de alto y que sobresalen del agua, reflejándose en ella, es una de las imágenes más mágicas de la ciudad. Es habitual además, que la visita se acompañe de una música (a veces, grabada, a veces, en directo) que hacen especialmente evocadora la visita.

Como muchas de las obras destacadas de la época bizantina, la Basílica Cisterna fue mandada construir por el emperador Justiniano I, sobre una estructura inicial que había sido construida por Constantino I. Era el 532. El agua almacenada servía para garantizar el suministro en el Gran Palacio de Constantinopla, que fue la sede de los emperadores bizantinos entre el 330 y 1081.

El recorrido por la Basílica Cisterna se realiza por pasarelas de madera, llegando al final, donde hay una columna que misteriosamente está edificada sobre una base en la que destaca una cabeza de medusa, demostrando el aprovechamiento de bases y columnas de otras épocas (probablemente, romana) para la construcción de la cisterna.

http://www.yerebatan.com/

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7 comentarios en “ESTAMBUL. SANTA SOFIA Y LA MEZQUITA AZUL. Dos caras de la misma moneda.

  1. Si he de triar entre un edifici o un altre, només diré que les vegades que he estat davant la Mesquita Sultanahmet, m’han saltat les llàgrimes: tanta perfecció i tanta bellesa poden amb mi.
    I no vull deixar d’esmentar, en bellesa, a la Suleymaniye.

    Et dono la raó, els mosaics de l’esglèsia bizantina San Salvador in Chora, són inigualables.

    Com m’agrada Istanbul!!

    • Sultanhamet, com diu tu, és la perfecció, la simetria ideal, el máxim desenvulupament de l’art otomà cent anys després de que Sinan en presentés els cànons amb la Suleymaniye. Però Santa Sofia, amb 1500 anys d’antiguitat és una de les obren culminant de l’arquitectura mundial. Per sort, no cal triar!

  2. Hola Jordi!!! Tengo planeado un viaje por Europa para octubre :) En teoría voy 5 días a Estambul, aunque no estoy segura dados los últimos atentados en la ciudad (lo de la embajada de EUA y el tiroteo en el palacio del primer ministro). En las páginas de las embajadas no hacen ningún tipo de recomendación excepto el evitar zonas con conglomeraciones y transporte, o sea, sitios turísticos. Qué harías tu?

    • Hola Dani, gracias por pasarte por aquí. Estambul es una ciudad preciosa. Desde luego con la situación actual yo no tendría temor alguno. No más que para ir a Londres o París, por ejemplo. Yo he estado 4 veces y no he tenido nunca ningún problema. Un abrazo!

  3. Juan me ha guiado durante todo el viaje y en Estambul me toca guiarlo yo a él, sobre todo porque yo ya estuve por allí antes, en el 2009. Aún así, temo perderme y que él se burle de mí jajaja

    La plaza se Sultanhamet y ese café con vistas del otro post tuyo era lo único que tenía claro, más otras cosas que recuerdo de mi visita anterior (paseo por el Bósforo, el palacio de Dolmabahce y el de Topkapi, la cisterna… y el bazar, claro).

    Como no tengo nada escrito (pero lo tendré) con tu post refresco un poco para no ir tan en el aire :)

    ¡Saludos!

    • Y seguro que volverás allí Flor, porque es una ciudad que merece ser revisitada cada cierto tiempo. Esperaré tus posts para disfrutar nuevamente de ella!

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