EL PELOPONESO. Un recorrido de tres días por la Historia de Grecia.

La región del Peloponeso es una de las regiones históricas más importantes, no sólo de Grecia, sino de Europa entera. La península, que está unida al continente por el istmo de Corinto, apila recintos histórico-arqueológicos de tanta importancia como Olimpia (sede de los Juegos Olímpicos), Esparta (una de las ciudades más importantes de la antigüedad) o Micenas, cuna y uno de los centros más importantes de la religión aquea hasta el punto de que ha dado nombre a un periodo entero de la Historia de Grecia, el período Micénico, entre el 1600 y el 1100 antes de Cristo.

Por ello, no queríamos abandonar Grecia sin visitar la península del Peloponeso. Además, después de estar tres días en esta zona, iremos hacia el norte, dirección Kalambaka para disfrutar de otra de las zonas que más deseamos descubrir: los templos ortodoxos de Meteora.

Para hacer el recorrido por el Peloponeso, hemos alquilado un coche pequeño, un Hyundai Atos, que Isa se ​​encargará de conducir. Va más despacio (es muy prudente) pero prefiere conducir ella. En fin, no nos discutiremos por eso. Lo alquilamos por internet, a través de Budget y nos ha costado 132 euros por 5 días, con kilometraje ilimitado. El precio de la gasolina es similar al que hay ahora en Cataluña.

Estos últimos días el Peloponeso se ha estado ardiendo de arriba abajo, con unos incendios que han asolado la península y que han sumido en el desconsuelo a sus habitantes. Las hectáreas quemadas se cuentan por miles y las víctimas mortales se acercan a las setenta en la última semana. La televisión habla veinticuatro horas al día de las tareas para apagar los focos activos (más de cuarenta) y para trasladar a los afectados, en una situación que ha conmocionado al país y de hecho, toda Europa, pues son un montón los países que han enviado hidroaviones y medios humanos para ayudar en las tareas de extinción.

Esto ha hecho que hasta el último día antes de marchar de Atenas hacia el Peloponeso no supiéramos si podríamos ir. Finalmente, sin embargo, parece que los incendios, se están controlando y que podremos hacer la mayor parte de recorrido que nos habíamos propuesto. Durante los próximos días, el paisaje que veremos a través de las ventanillas de nuestro coche será desolador, con kilómetros y kilómetros de bosques quemados y pueblos enteros abandonados. Aún ahora, algunos fuegos están parcialmente activos y podemos ver montones de fumarolas y llamas que los bomberos están terminando de extinguir.

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Epidauro

Dejamos Atenas atrás y nos dirigimos primero a Epidauros, que está en la península de la Argólida, que es una pequeña península dentro de la península del Peloponeso. Lo que veremos en los próximos días son lo que queda de varias ciudades de la Grecia clásica ( y más antiguas, como Micenas ), y empezar por Epidauro nos parece perfecto. No tenemos ningún problema en llegar, las carreteras son buenas y sin demasiados coches ni curvas ya media mañana estamos ante el yacimiento arqueológico ( 6 ​​euros ). Antes hemos pasado por Corinto, donde aparte de la itsme, está el Canal de Corinto y la Acrópolis de la antigua ciudad griega. Los días, somos siempre, son limitados y he tenido que elegir.

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Corinto fue una ciudad Estado, que en tiempos de Roma fue incorporado al Imperio Romano. La época de máximo esplendor de la ciudad fue probablemente durante el periodo Clásico, gracias a que contaba con un reputadíssiim santuario dedicado a Asclepio, Dios de la medicina, donde se practicaba la medicina a partir de la interpretación de los sueños.

En el recinto de Epidauro hay un montón de construcciones, como restos del Santuario de Asclepio o el precioso estadio (rodeado de gradas y que hacía 181 metros de largo ). Pero lo que realmente venimos a ver los que no entendemos demasiado de arqueología es el magnífico teatro, uno de los que mejor se conservan los que se construyeron en la antigüedad. Data del siglo IV antes de Cristo y se le atribuye su diseño a Policleto el Joven, aunque las fuentes parecen no ponerse de acuerdo del todo en este punto. Su diseño es casi perfecto y fruto de ello, los casi quince mil espectadores a los que daba ( y da ) cabida, disfrutaban de una acústica realmente excepcional. No es extraño que algún guía o quizás un grupo de espontáneos hagan una demostración mientras estamos en la última fila del teatro. Realmente espectacular.

Todavía alucinados con el teatro visitamos el resto de escombros, como un templo de Artemisa, un tholos, un templo a Afrodita y el estadio comentado. Acabamos visitando el pequeño museo donde hay algunos frontones y varias piezas de los templos que hemos visto en el recinto arqueológico.

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Micenas

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A cincuenta kilómetros de Epidauro hay un otros de los hitos más importantes del periplo por Peloponeso : la ciudad -estado de Micenas, dominadora de buena parte de la antigua Grecia al segundo milenio antes de Cristo. En una hora llegamos.

El período helénico comprendido entre el 1600 y el 1100 aC se conoce como periodo micénico dado el enorme liderazgo que esta ciudad estado ejerció sobre las otras poblaciones. Su ciudadela tiene una gran fuerza visual pues está situada en lo alto de una colina desde la que se podía controlar cientos de kilómetros a la redonda.

Después de pasar por taquilla ( 9 euros con el museo ), entramos por la célebre puerta de los leones, emblema de Micenas. Desde allí, subimos por el camino real hasta lo alto de todo de la ciudad donde se encuentra el Palacio Real de Micenas. Antes, pasamos por un montón de vestigios de varios templos y casas patricias de la ciudad. También destacan las grandes murallas que rodeaban la ciudad y que aún ahora, impresionan.

El recinto de Micenas es conocido también por las enormes tumbas en forma de panal. donde descansaban los reyes y las personas más influyentes. La más destacada de todas es la conocida como tumba de Agamenon, que hace ser descubierta por Schliemann, suponiendo que era la última morada de este rey de Micenas, quizás el más conocido de todos. La preciosa máscara que cubría uno de los restos, conocida como la máscara de Agamenon ya nos impresionó cuando visitamos el Museo Arqueológico de Atenas.

Antes de partir todavía nos acercamos al nuevo museo de Micenas, muy bonito y perfectamente acondicionado con maquetas sobre el yacimiento y un montón de restos de lo que se ha encontrado.

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Nauplia

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A veinte kilómetros de Micenas está la bonita población costera de Nauplia, en la que hacemos noche. Por 40 euros encontramos una pequeña pensión muy bien conservada y céntrica, por lo que no nos lo pensamos y nos quedamos.
 
Es un acierto quedarnos a dormir en Nauplia, pues es una de las poblaciones más bonitas de la Grecia continental. Situada en el Golfo Algòlid, tiene tres preciosas fortificaciones que dominan la población desde lo alto de sus respectivos colinas. En la más alta, la Palamidi, no subimos, dado que hay un montón de escalones y con la Isa embarazada más vale no hacer heroicidades. Pero hay una segunda fortificación, en la que sí subimos y que está justo encima del casco histórico, que nos obsequia con unas preciosas vistas de la costa y de hecho, de todo el golf.

Después damos un montón de vueltas por las estrechas callejuelas de la ciudad antigua, peatones y con un montón de talleres artesanales y tiendas de las que te quedarías todo. También destacan la enorme plaza central, llena de terrazas y que por la noche hierve de gente y el paseo marítimo, muy agradable y donde acabamos la tarde veían como el sol se pone detrás las montañas. Justo delante, la fortificación veneciana, el Bourzdi, que hay unos pocos cientos de metros de la costa, hace que el escenario sea perfecto.

Cuando el sol se ha puesto, las estrechas callejuelas se llenan las terrazas de los pequeños restaurantes. Comemos muy bien, la temperatura es idónea y el final del día es perfecto.

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Templo de Bassae

Llegar al templo de Bassae nos ha supuesto casi cuatro horas de camino. Bueno, esto no es exactamente cierto. Y es que nuestro itinerario nos tenía que llevar de Nauplia hasta Mistras donde se conserva una preciosa ciudad bizantina con un montón de monasterios que tienen un gran valor artístico y que están en la lista del Patrimonio de la Humanidad. Pero lo cierto es que después de más de dos horas de trayecto hasta Mistras, cuando hemos llegado a la puerta de la ciudad, nos han informado de que el recinto estaba cerrado y que no se podía visitar por peligro de fuego. Es cierto que los fuegos han asolado el Peloponeso en los últimos días y que todo el día de hoy lo hemos pasado por carreteras donde a ambos lados sólo había bosques completamente calcinados. El espectáculo ha sido bastante impactante, pues podíamos pasar media hora seguida con el mismo panorama a ambos lados de la carretera: desolación y más desolación. Pero no es menos cierto que parece que las tareas de extinción han terminado y que ahora casi no hay frentes abiertos, y además, la zona de Mistra ha sido una zona que ha quedado bastante intacta, de modo que nos hemos quedado con un palmo de narices cuando nos han dicho que hasta después de tres días no podríamos visitar el recinto. Para entonces, ya estaremos camino de las islas Cícladas, de manera que con mucha pena, hemos tenido que asumir que no veríamos Mistra. En fin, que quedará para otra vez.

Cinco minutos para estirar las piernas y nos hemos dirigido hacia el templo de Bassae, que nos queda a otro par de horas (más de 140 kilómetros) y sobre todo con unos últimos 50 kilómetros, por carreteras estrechas y con muchas curvas, donde nuevamente, el paisaje a derecha e izquierda se aterrador.

El Templo de Bassae, forma parte también del Patrimonio de la Humanidad y está situado en un escenario privilegiado, en lo alto de una colina, a más de mil metros de altura. Este templo dórico dedicado a Apolo Epidauros fue construido en el siglo V antes de Cristo (según Pausanias) por Ictino, uno de los arquitectos del Partenón y también del precioso Hefesteion de Atenas.
Se trata de un templo peristilo (todo su perímetro está rodeado de columnas) hexástilo (seis columnas en su fachada frontal) y tenía una naos, una pronaos (por delante de la naos) y un opistodomos (detrás), es decir, como gran parte de los templos de la época. Curiosamente a pesar de ser un templo de orden dórico, contiene algunas columnas jónicas e incluso, una de corintia, lo que lo  hace excepcional en este sentido.

Desgraciadamente su estado de conservación no es demasiado bueno y queda actualmente enmarcado por una gigantesca carpa que lo resguarda del sol, con el fin de que pueda ser restaurado. Claro está, esto desluce la fuerza visual del templo, por lo que disfruto menos de lo que me esperaba.
En fin, que en menos de media hora tenemos visto y revisto el templo y nos volvemos a poner en marcha, para tomar dirección Olimpia, donde nos espera uno de los platos fuertes del día (el otro era Mistras). Paramos a comer en la carretera, en un pequeño pueblo y en menos de una hora llegamos a Ancient Olimpia, el recinto arqueológico que fue sede de los Juegos Olímpicos durante unos novecientos años (que pronto se dice,…).

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Olimpia

Los Juegos Olímpicos se celebraron en la antigua Grecia cada cuatro años desde el 776 aC hasta que en el siglo IV, el emperador Teodosio los abolió. Tenían una importancia similar a los Juegos Píticos que se celebraban en Delfos (otro de los grandes Santuarios panhelénicos, que visitaremos más adelante), pero gracias al barón Pierre de Coubertin, que reinstauró los Juegos Olímpicos en 1896, son considerandos ahora, los más importantes de la Grecia clásica.

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Los primeros años, eran unos Juegos que disputaban los mejores atletas del área de Atenas y del Ática, pero poco a poco fueron tomando más importancia, hasta el punto de que atletas de todos los dominios griegos (como Asia Menor – en la actual Turquía -, Magna Grecia – en Italia actualmente-, o zonas más alejadas como las colonias que corresponden a la actual Siria ) acudían al Santuario de Olimpia para disputar los Juegos. A menudo se cuenta que las guerras se detenían durante la disputa de los Juegos. Parece que esto no es exactamente cierto, sino que la Tregua Olímpica consistía en una especie de salvoconducto que los atletas y los asistentes a los Juegos tenían para cruzar las zonas de conflictos sin tener problemas.

Los Juegos no se dedicaban sólo al deporte, sino que a menudo había actos culturales y sobre todo, ofrendas, sacrificios y ceremonias dedicadas a los dioses del Olimpo, sobre todo a Zeus y a Pélope, héroe divino y rey ​​mítico de Olimpia a quien se debe la fundación de los juegos, según la leyenda.

Después de pagar la entrada (9 euros, que incluyen la entrada al imprescindible museo) comenzamos el recorrido por las instalaciones, recorriendo el gimnasio, la palestra, los templos de Hera y de Zeus, los diferentes tesoros (que las colonias griegas habían edificado en honor a los dioses del Olimpo ), el Leonadion (donde se estaban las autoridades que acudían al Santuario), el taller de Fidias (donde el magnífico escultor esculpió la espléndida estatua crisoelefantina del Zeus Olímpico, una de las siete maravillas del mundo antiguo) y sobre todo, el majestuoso Estadio Olímpico, que era la sede de las competiciones atléticas de los Juegos y que nos pone la piel de gallina sólo entrar.
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El estadio, que tenía una cabida para unos veinte mil espectadores sentados en el suelo (no hay gradas), todavía tiene las líneas de salida y de llegada (en mármol). Es fácil imaginar el fervor del público cuando los atletas disputaban las carreras. Por poco mitómano que seas, pisar el estadio es sin duda uno de los momentos más memorable del viaje. Se disputaban carreras a pie, salto de longitud, lanzamiento de peso y de jabalina,… Poco a poco el programa se fue ampliando, y tuvo cabida la lucha libre, el pancracio (una lucha muy bestia donde todo valía) y la prueba más importante, el pentatlón, suma de cinco pruebas y que podía convertir su ganador en casi una auténtica divinidad viva. También había competiciones artísticas, como danza, poesía o música.

No podemos marchar de Olimpia sin visitar el Museo adyacente al recinto arqueológico, donde hay un montón de estatuas y objetos de gran valor, pero donde sobre todo destacan los frontones del templo de Zeus y de manera especial, la estatua del Hermes de Praxíteles, una de las más célebres de la antigüedad y auténtica obra maestra de la escultura.

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Naupacto

Aunque la idea era ir a dormir a Delfos, no vamos demasiado bien de tiempo, de modo que nos tendremos que quedar a medio camino. Decidimos hacer noche en Naupacto, la antigua Lepanto (conocida por la batalla que dejó manco a Cervantes) que está una hora antes de llegar a Delfos, una vez pasado el espectacular viaducto de Patras que une la Península del Peloponeso con el Ática (y que cuesta por cierto, 10 euros, por los cinco kilómetros que tiene).

Llegamos a Naupacto cuando está oscureciendo y la verdad es que nos cuesta un poco encontrar hotel a buen precio. A pesar de ser una ciudad muy turística (sobre todo, de turismo interior) no hay demasiados hoteles -hay muchos apartamentos-. Finalmente nos quedamos en el hotel Plaza, del paseo marítimo, donde nos ofrecen una habitación amplia, sin desayuno por 60 euros. La verdad es que Naupacto resulta ser una villa muy agradable con un frente marítimo muy interesante donde hay una pequeña fortificación veneciana (donde encontramos una estatua de Cervantes) y un precioso puerto que está rodeado por un montón de bares musicales y tabernas donde se come en la calle.

Hoy, hay bastante ambiente en la calle y se está muy bien. Nosotros cenamos en una de estas tabernas. Acertamos de pleno. Después de cenar, damos una última vuelta por la zona del puerto y nos dirigimos a descansar, que mañana tenemos otra jornada apretada, donde abandonaremos la península del Peloponeso, con un muy buen sabor de boca, contentos por haber conocido una zona con tanta historia.

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7 comentarios en “EL PELOPONESO. Un recorrido de tres días por la Historia de Grecia.

  1. Estupenda ruta, la verdad que Grecia es uno de esos países que tengo ganas de conocer, pero a la vez me da miedo lo que me encontraré, he leído de todo, desde viajeros que vuelven encantados, a otros que vienen jurando en arameo que jamás volverán por allí porque se han sentido defraudados, yo ahora mismo antes de ir creo que será un país que disfrute, tanta historia entre sus restos que me cuesta creer que me defraude :)

    ¡Saludotes!

    • A mi desde luego no me defraudó. Además, Grecia te da mucho más que rutas arqueológicas: buena playas, islas preciosas, una gastronomía simple pero exquisita, preciosos monasterios ortodoxos.
      Yo desde luego, lo recomiendo plenamente.
      Un saludo José Carlos!

  2. Buen resumen del Peloponeso, el cual me quede con ganas de visitar cuando fuimos a Grecia… :( pero bueno…. volveremos :D

    Saluditos!

    • Muchas gracias Eva. Desde luego, el Peloponeso y toda Grecia es una de mis mayores recomendaciones en Europa, sobretodo para los amantes de la Historia y la Arqueología. Saludos!

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