CARRETERA MILITAR GEORGIANA. Como ir de Tbilisi a Kazbegi por una de las carreteras más extraordinarias del mundo.

El camino que lleva desde la capital georgiana, Tbilisi, hasta la población de Kazbegi, a 10 kilómetros de la frontera con Rusia y enclavada ya en plena cordillera del Cáucaso es una de las carreteras escénicas más espectaculares que hay en toda Europa.

Aunque el trayecto se puede hacer en unas dos horas y media con marshrutka y por 10 laris (la opción que escogimos de bajada), para subir hasta Kazbegi, alquilamos un taxi para hacer el trayecto a nuestro ritmo, y de paso, poder hacer algunas paradas para disfrutar del extraordinario paisaje que el recorrido regala. Nos costó 150 laris (unos 65 euros) que dimos por bien gastado. De hecho, fue nuestro anfitrión en Tbilisi (el dueño del apartamento donde los hospedamos) quien nos llevó hasta Stepansminda, que es el nombre actual de Kazbegi, aunque todo el mundo la conoce por este último nombre.Hay que decir que la vía por la que pasa el trayecto de la Carretera Militar Georgiana se remonta a muchos siglos atrás, cuando ésta era el único trazado que permitía enlazar Georgia, al sur de la Cordillera del Cáucaso, con Rusia, al norte. Por aquí pasaron, por ejemplo, los ejercitos invasores como el de Pompeyo, y de hecho historiadores tan antiguos como Estrabón o Plinio ya hablan de esta vía en sus crónicas.

La vía actual, sin embargo, se remonta al 1799, cuando Georgia es adherida a la Rusia zarista y Alejandro I manda pavimentar  la antigua ruta. Los trabajos se dieron por finalizados en 1817, pero en realidad, se siguió con la mejora de la vía hasta pasados ​​50 años, cuando la Carretera Militar Georgiana se puede dar por terminada y se considera un auténtico prodigio de la ingeniería de la época. Hay que decir, que la carretera no se detiene en Kazbegi, pues el objetivo era unir Georgia con Rusia, por lo que la vía llega hasta Vladikavkaz, la capital de Osetia del Norte, que se encuentra 45 kilómetros al norte de Kazbegi y a 200 de Tbilisi.

Salimos de Tbilisi (ciudad que os recomiendo visitar) de buena mañana. Bejani nos viene a recoger a las 8 de la mañana al apartamento y enseguida nos dirigimos hacia el norte, dirección Kazbegi. Y estas son algunas de las paradas que hicimos durante el trayecto por la Carretera Militar Georgiana, tal y como habíamos quedado con el Bejani.

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La primera parada la hacemos al cabo de menos de una hora, en la fortaleza de Ananuri. Se trata de un precioso complejo amurallado que queda auténticamente de postal junto al lago Zhingvali. Al parecer era propiedad de los Duques de Aragvi que dominaban y gobernaban la zona. En cierto modo hacía de bastión defensivo en caso de una invasión desde el Cáucaso norte. Dentro de la fortaleza, destacan un par de iglesias. La más antigua contiene algunas de las tumbas de los señores feudales en cuestión.  La otra iglesia, de finales del siglo XVII, fue construida por el hijo del Duque Bardzem y es conocida como la iglesia de la Asunción.

Aunque la fortificación ha sido propuesta para formar parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad, aún no ha sido incluida. En menos de media hora está hecha la visita, pero antes de irse nos acercamos hasta la ribera del lago donde hay gente tomando el sol. Según nos han dicho, el lago es apto para el baño, pero lamentablemente, en la orilla hay demasiada basura. Particularmente, los mismos plásticos que vamos encontrando continuamente en los arcenes de las carreteras.

Volvemos al coche y al cabo de un rato y antes de coger altura paramos en una curiosa fuente natural que surge junto al cauce del río Aragvi, el cual estamos remontando. Enseguida nos damos cuenta que la fuente es rica en hierro, pues los alrededores de la fuente tienen un intenso color rojizo. Bejani nos dice que tiene muy buenas propiedades, y debe ser así, porque durante el poco rato que estamos en la fuente, paran varios coches para abrevar en ella o incluso, para llenar algunas botellas. Cuando la probamos, confirmamos el intenso olor y sabor a hierro, pero además, constatamos que se trata de un agua naturalmente carbonatada. Bejani, aparte de beber de la fuente, también llena una botella, que cuando reposa, nos damos cuenta que el agua tiene una turbidez que no nos deja para nada tranquilos. Esperamos que no lo tengamos que lamentar.

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Al poco rato de la fuente sí empezamos a ganar altura. El paisaje a ambos lados de la carretera se hace cada vez más extraordinario, siempre verde, pero con unos picos que se alzan en lo alto y que te recuerdan que no somos nada comparados con la naturaleza. En el puerto de Jvari (Jvari Pass) la carretera llega a su máxima altura, hasta los 2.379 metros. Es decir, un auténtico puerto de primera. Allí hay una serie de miradores que nos dejan con el corazón en un puño. El espectáculo que se abre ante nosotros es estremecedor. La nieve, en esta época del año ha dejado paso a una intensa vegetación. Al fondo de las gargantas, el río sólo se divisa. Es un momento sublime.

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La última parada que hacemos antes de llegar a Kazbegi es una sorpresa porque desconocíamos de su existencia. Se trata de unas cataratas ricas en carbonato cálcico que ha ido sedimentado sobre la pared y que forman un paisaje parecido al de Pamukkale en Capadocia, pero sin los preciosos basales que allí se encuentran. Los chicos suben por las paredes de la catarata y Marc también lo hace, muy contento de estar allí.

En poco más media hora llegaremos a Kazbegi, la bajada desde el Jvari pass es rápida y antes de las dos estamos en la Guest House. Bejani  llama a la guest house, para que nos vengan a buscar en medio del pueblo con su coche, pues desconocía donde se encontraba. De hecho, está a menos de cinco minutos andado del centro de Kazbegi, si es que se puede decir que este pueblo de montaña tenga centro.

Tras dejar las maletas en la habitación, nos vamos a comer. Antes, hemos quedado con el dueño de la guest house, a las tres de la tarde, para hacer una excursión hasta las Cataratas Gveleti, el primer trekking de los dos que queremos hacer a Kazbegi. Pero esto, ya es harina de otro costal.

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COMO LLEGAR A KAZBEGI. COMO IR DE TBILISI A KAZBEGI POR LA CARRETERA MILITAR GEORGIANA (O DE KAZBEGI A TBILISI).

Lo más barato es tomar una de las marshrutkas que salen de la estación Didube (o del centro del pueblo de Kazbegi a la vuelta). Nosotros la tomamos de vuelta, a las tres de la tarde. Casi las había cada hora, al menos hasta las 5 de la tarde. Comentar que las marshrutkes van a toda pastilla y de bajada tardamos dos horas y media con una parada de unos 10 minutos incluida. La marshrutka tiene un precio de 10 laris por persona (unos 4 euros).

Nuestra opción fue alquilar un coche con conductor (el dueño del apartamento donde nos hospedábamos en Tbilisi, pero los precios de los taxis eran similares) para poder hacer varias paradas en ruta. Nos costó 150 laris, menos de 70 euros. Nosotros éramos 3, pero incluso se puede compartir entre 4, por lo que pienso que vale la pena.

Hay algunas excursiones de un día desde Tbilisi. Llegan a Kazbegi, dejan tiempo para subir hasta la iglesia Tsminda Sameba, uno de los treks estrella, pero que se hace en poco más de una hora y luego vuelven a bajar en Tbilisi. En mi opinión, vale la pena hacer noche en Kazbegi.

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15 comentarios en “CARRETERA MILITAR GEORGIANA. Como ir de Tbilisi a Kazbegi por una de las carreteras más extraordinarias del mundo.

    • Vaya por Diós! Nosotros tuvimos que renunciar a la zona de Mestia, una zona que me hacía especial ilusión. Pero ya se sabe, no se suele poder abarcar todo. O sea, que pendiente me queda.

  1. hehehe me dio risa la anécdota del agua :D espero que no se hayan enfermado del estomago… si sale directo de la tierra no debería de haber problema, el problema puede surgir si la zona esta contaminada con alguna cosa…

    Muy bonitos recorrido el que hicieron!!…

  2. Cada vez que leo un artículo vuestro me doy cuenta de lo mucho que nos queda aun por conocer… Muy curiosa la larga historia de la carretera, las vistas son extraordinarias y lo de la fuente también me ha sorprendido, eso sí, dudo que Henar bebiera o me dejara beber jajaja. Ya nos diréis si os sentó bien al final :P

    Un abrazo!

    • Si, una zona preciosa el Cáucaso. Lástima que no tuviéramos tiempo para ir a la zona de Mestia, más al oeste, de la que hablan maravillas. Sobrevivimos al agua!

  3. Impressionant Jordi! Tant Armènia com Georgia m’estan sorprenent molt i aquesta entrada ho acaba de rematar. Hi vull anaaaarrr.

    (Per cert, el nen de cada dia està més guapo).

    Una abraçada

    • Si, aquesta és una zona preciosa MT. I quan pugi les fotos de Kazbegi, encara més. Val moltíssim la pena!

  4. ¡Que sitio tan alucinante! Ojalá algún día tenga la oportunidad de visitarlo porque lo cierto es que nunca me hubiera imaginado que hubiera esos paisajes en Georgia (¡que poco sabemos de algunos lugares!) Un post muy útil :)

  5. Como curiosidad, tuve el “gusto” de probar agua ferruginosa (y es así, turbia y medio colorada) en un rincón del planeta bastante alejado: Copahue, en el sur de Argentina (también salen varias aguas de la fuente de un volcán). De más está decir que es feaaaaaaaaaaaaa, pero reconstitutiva, Saludos!!

    • Jajaja, bien curiosas estas aguas. Supongo que si desde decenios la gente bebe de allí, será que tienen buenas propiedades. En fin, que sigo vivo. Y tu veo que también.

  6. Me ha gustado este relato de viaje. Debo de ser de los pocos españoles que también han recorrido este tramo de la “Carretera Militar Georgiana” , y muchos más tramos de ella hasta el Mar Negro, y regreso a Tbilisi, en un Layka negro soviético del laureado director de cine georgiano Rezó Schkjeidse. La excursión fue en un fin de semana, en dos coches, pues el segundo “Layka” lo ocupaban cuatro colaboradores más de los Estudios de Cine Gruzia Films. En todo el viaje, de dos días completos, no recuerdo habernos encontrado con otros vehículos, dado que circulábamos por una ruta entonces prohibida al tráfico privado. En todas las paradas las consumiciones iban acompañadas de vodka, bebida que ya empezaba acompañando al típico desayuno de sopa de callos y tostadas con mantequilla y caviar. Menos mal que los conductores, si mal no recuerdo, no bebían. Visitamos las históricas montañas de Svanetia, región de la que Rezó era oriundo, y las del Sur de Osetia y de Abjasia, así como el increíble monasterio ortodoxo de Gelati (que los soviéticos, a pesar de su ateísmo, supieron conservar, como tantos otros monumentos, como joya histórica y arquitectónica) . Era tal el consumo de vodka durante el viaje (y durante la semana que permanecí en Georgia) que viajábamos (por lo menos yo) como flotando en una nube que me hacía sentir que todas aquellas maravillas que me era dado contemplar eran sólo un sueño. Pero lo viví todo con gran emoción: la carretera de Poti a Batumi, paralela al Mar Negro; Borjomi, la gran ciudad balnearia, los ríos caudalosos que cruzábamos, la cena típica georgiana en Svanetia, con cantos familiares, mesa larga para veinte comensales y aquella jarra de barro que se bajaba a una tinaja, atada con una cuerda por un agujero abierto en el suelo, y que se izaba una y otra vez llena de vino; un vino que bebimos en unos cuernos de asta de ciervo que hacían las veces de vasos (incluido uno enorme que se pasaba de mano en mano para libar todos de él; la teatral visita casi a media noche, en Gori, al Museo Stalin (el tirano era natural de esta ciudad) donde la megafonía emitía discursos completos del susodicho y todo el montaje era un tributo a su memoria. Nos abrieron el museo estando cerrado. Eran una de las muchas prerrogativas de Schjeidse, en cuyo ojal lucía la insignia… ¡de la Orden Lenín! Ésta fue, por lo que a mí respecta, la única parte desagradable de la estupenda excursión. Resumiendo, un hermoso país, pero lleno de excesivas historias de cruentas guerras defensivas, hambrunas, purgas y demás calamidades. De Tbilisi, destacar el recuerdo al gran poeta Shota Rustaveli (el Cervantes del Cáucaso); a su obra épica “El Caballero en la Piel de Tigre” y a su impresionante estatua; al igual que esa colosal efigie a “Madre Georgia” que tan bien simboliza al país. Una nación “oriental”, pero menos que sus vecinas Azerbayjan o Armenia: “la Iberia Oriental”, como a los georgianos les gusta recordarnos, en relación a esa “Iberia Occidental” que para ellos es nuestro País Vasco. Y un pequeño colofón para recordar esa institución popular, rigurosamente georgiana, que consiste en nombrar un “tamadá”, es decir, un director de mesa que es el que preside los ágapes formales, inicia los temas de conversación, reparte el turno de palabra entre los comensales y, a los postres, hace lo propio con los brindis. Estupenda tradición digna de ser copiada. Y nada más. Nasdarovia!

    • Muchas gracias por tu extensa opinión, José. Me da verdadera envidia que pudieras llegar a Svanetia. Me hubiera encantado pero no tuve tiempo. Tampoco he llegado a entrar a Abjasia ni Osetia del Surn, aunque sí a otros territorios curiosos como Transnistria o Nagorno Karabagh. No se si pudistes visitar las ciudades fantasmas cercanas a Gori, como Uplistsikhe. También tiene su interés.
      Y Tblisi me sorprendió para bién. Merece mucho la pena dedicarle algunos días.
      Un abrazo y encantado de que te pases por aquí.

  7. No, gracias a ti. Aprovecho para decirte que tienes una familia muy guapa, como he comprobado por las estupendas fotos. No he estado nunca en Transnistria ni en Nagorno y tampoco en las otras ciudades que me mencionas. Ya sólo te falta el Este de Ucrania, Crimea y alguno más para conocer todas las “recuperaciones” de la Reconquista Puttin!
    Un abrazo,
    Pepe

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